“Enviados a reconciliar” Ante el Día del Seminario en el Año de la Misericordia

Mons. Julian LópezMons. Julián López          Queridos diocesanos:

La Cuaresma de este año ha comenzado muy pronto, como si la Iglesia tuviera prisa en convocarnos para los días saludables de la conversión y de la misericordia. En realidad la fecha de la Pascua y, por tanto, del inicio de las prácticas cuaresmales está regulado por el calendario imperturbable de la luna, ya desde los tiempos bíblicos cuando el Señor libró a los hebreos de la esclavitud del faraón y estableció la primera Pascua en el plenilunio de primavera (cf. Ex 12,1ss.). Junto a ese calendario tenemos también el no tan imperturbable de las Jornadas eclesiales que, sin estar tan vinculadas al año litúrgico, nos recuerdan determinados retos pastorales. Es lo que sucede con el Día del Seminario, ligado a la fiesta de San José, pero que este año, ante la proximidad de la Semana Santa, nos obliga a celebrarlo el día 13 de marzo, domingo V de Cuaresma. Por otra parte, no podemos olvidar el Año Jubilar de la Misericordia en el que nos encontramos.

En efecto, la convocatoria de este jubileo por el papa Francisco ha sido la ocasión propicia para que los pastores y los fieles cristianos recuperásemos una dimensión esencial y significativa de nuestra relación vital con Dios por medio de Jesucristo. Gracias a este Año Jubilar hemos redescubierto en nuestro Señor y Salvador el “rostro de la misericordia del Padre”, realidad plenamente manifestada en Jesús de Nazaret que no solo hablaba de la misericordia divina y la explicaba con parábolas bellísimas como la de la oveja perdida o la del hijo pródigo sino que la encarnaba en su propia persona y en sus gestos y acciones. Como escribió en su día san Juan Pablo II, Jesús es, en cierto sentido, la misericordia personificada de manera que “a quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace visible como Padre rico en misericordia” (Enc. Dives in misericordia, n. 2).

A la luz de esta hermosa y estimulante realidad, el Día del Seminario presenta a los sacerdotes actuales y futuros, nuestros seminaristas, como los “enviados a reconciliar”, tal y como reza el lema de la presente jornada. La expresión alude al envío que sigue al sacramento del Orden que consagra y configura al que es ordenado, para ejercer el misterio y el ministerio de la reconciliación. El misterio como realidad y gracia que restaura la comunión con Dios rota por el pecado, y el ministerio como tarea de devolver al hombre a esa comunión mediante el perdón de los pecados. Por tanto, la expresión “enviados a reconciliar” quiere decir, en primer lugar, que todo sacerdote es un enviado, un misionero que participa de la misión de Jesús al ponerse en camino para buscar la oveja perdida y devolverla, sana y salva, al redil (cf. Lc 15,5-7). En segundo lugar, que el retorno facilitado por el pastor celoso a quien verdaderamente le importan las ovejas, que las conoce y que está dispuesto a dar la vida por ellas como el Buen Pastor (cf. Jn 10,11ss.), se produce en el sacramento de la Penitencia, “verdadero signo de la misericordia del Padre” porque permite, como dice el papa Francisco, “experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia” (Misericordiae Vultus, 17).

En este sentido el Día del Seminario debe animarnos a colaborar por todos los medios: la oración, el estímulo, la simpatía, la ayuda económica, etc., en la formación de los futuros “enviados a reconciliar”, sin descuidar la necesaria tarea de suscitar, descubrir y acompañar nuevas vocaciones de quienes son llamados a ser signos concretos de la continuidad de un amor divino que perdona y salva. Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
Acerca de Mons. Julián López 164 Articles
Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella