Enviados a reconciliar

Mons. Jose VillaplanaMons. José Vilaplana        Queridos hermanos y hermanas:

El Día del Seminario, que se celebrará el próximo domingo 13 de marzo para no coincidir con el Domingo de Ramos, es una nueva oportunidad para que toda la Iglesia diocesana dé gracias a Dios por los seminaristas que se preparan para ser sacerdotes y le pida con insistencia que nos siga bendiciendo con nuevas vocaciones en la esperanza de que un día, como nos muestra el lema escogido para esta campaña en el Año de la Misericordia, sean “enviados a reconciliar”.

La reconciliación es una necesidad de ahora y de siempre. Solo basta abrir la mirada a nuestro alrededor y acercarse a las personas, que nos han sido confiadas, para descubrir sus sufrimientos y dolores que, a causa de conflictos no resueltos y profundamente arraigados, expresan no pocas veces divisiones y violencias que atentan contra su dignidad y provocan escándalo.

Sin embargo, sabemos bien que el mal no tiene la última palabra, pues Dios ha puesto en el corazón de todo hombre y de toda mujer el deseo de una vida plena de fraternidad, de reconciliación y de paz.

Más aún, Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo, por la muerte y resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para el perdón de los pecados, por el ministerio de la Iglesia hace posible que los enemigos vuelvan a la amistad, que los adversarios se den la mano y que los pueblos busquen la unidad.

Para eso, eligió a hombres de nuestro pueblo –los sacerdotes–, que por la imposición de la manos, participan de su sagrada misión. Ellos, “enviados a reconciliar”, alimentan a los creyentes con su Palabra, los fortalecen con sus sacramentos y los congregan como comunidad reconciliada y reconciliadora.

¡Cómo no dar gracias a Dios por este milagro de la gracia de la que estamos tan necesitados, que a todos nos renueva y nos llena de alegría!

¡Cómo no mirar con gratitud el pasado y el presente de nuestra Iglesia diocesana por el servicio de tantos sacerdotes, que nos han acompañado y acompañan en el camino de la fe!

Muchos de ellos ya no están entre nosotros y hemos de confiarlos a la misericordia del Señor. Los primeros seminaristas que se formaron en nuestro Seminario celebrarán, en este Año de la Misericordia, el cincuentenario de su ordenación sacerdotal. Los más jóvenes, que se han incorporado a nuestro presbiterio en los últimos años, realizan su ministerio con gran ilusión.

Agradecemos también al Señor la gozosa realidad de nuestro Seminario – dieciséis seminaristas– que nos permite mirar con confianza el futuro de nuestra Iglesia diocesana.

Pero, es claro que esta realidad no puede aletargarnos. La Iglesia y nuestra Diócesis tienen necesidad de sacerdotes. Es ésta una de las urgencias más graves que nos interpelan. Jesús no quiso una Iglesia sin sacerdotes. Si faltan ellos, falta la Eucaristía, falta el sacramento del Perdón, faltan los pastores que guíen al Pueblo de Dios. Es necesario que todos nos convenzamos de que las vocaciones son el don inestimable de Dios a una comunidad en oración. El Señor Jesús nos ha dado ejemplo cuando llamó a los Apóstoles (cf. Lc 6, 12) y ha mandado expresamente rogar “al Dueño de la mies para que envíe operarios a su mies” (Mt 9, 39; Lc 10, 2).

Por eso, mis queridos hermanos, oremos todos, oremos siempre y unamos a la oración una colaboración más activa, pasando de una pastoral de la espera a una pastoral de la propuesta. Compartid en vuestras comunidades esta inquietud, unidos todos en la certeza de que ¡el Señor no cesa de llamar y necesita de nosotros para hacer llegar la llamada!

¡Que la Virgen María, Madre y modelo de todas las vocaciones, nos alcance de Dios la certeza de que Él nos concederá lo que su Hijo nos ha mandado que pidamos!

Con estos deseos, os saludo y bendigo con afecto.

+ José Vilaplana

Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 34 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.