Cuaresma y renovación misionera de la Iglesia

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora         En este cuarto domingo de Cuaresma, celebramos el día de Hispanoamérica en nuestra Iglesia que peregrina en España y, dando gracias a Dios por la fe y la lengua que nos une, os invito a aprovechar la coyuntura para la mejor realización de nuestro camino cuaresmal. Solo el recuerdo de los grandes santos evangelizadores de América hace que se nos llene el corazón de admiración y de amor de Dios por las vidas de estos «Testigos de Misericordia».

Se nos abre la mirada siempre con el testimonio de los santos de ayer y de hoy. Por eso, traigo a vuestro recuerdo las palabras del papa Francisco en Laudato si’, recordando a su hermano ortodoxo, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé: «Nos propuso –refiriéndose a él– pasar del consumo al sacrificio, de la avidez a la generosidad, del desperdicio a la capacidad de compartir, en una ascesis que “significa aprender a dar, y no simplemente renunciar. Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios. Es liberación del miedo, de la avidez, de la dependencia”». Los cristianos, además, estamos llamados a «aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global. Es nuestra humilde convicción que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta». (Laudato si, 9)

La renovación misionera de nuestra Iglesia no se hará con el sueño de volver a mandar a los países americanos de habla hispana muchos misioneros, pues estos no saldrán de entre nosotros si no respiramos todos ese «aceptar el mundo como sacramento de comunión, como modo de compartir con Dios y con el prójimo en una escala global». Por eso, traigo aquí una llamada cuaresmal a la conversión para tratar de quitar los obstáculos que impiden crear el clima de donde salga la generosidad y a la donación de las vidas jóvenes y no tan jóvenes a la misión de evangelizar. Lo hago con palabras del papa Francisco: «A veces somos duros de corazón y de mente, nos olvidamos, nos entretenemos, nos extasiamos con las inmensas posibilidades de consumo y de distracción que ofrece esta sociedad. Así se produce una especie de alienación que nos afecta a todos, ya que “está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y de consumo, hace más difícil la realización de esta donación y la formación de esa solidaridad interhumana”» (Evangelii gaudium, 196).

Los países de habla hispana, España incluida, necesitamos de esa renovación cuaresmal que, dando la vuelta a esas alienaciones que nos acosan, nos permitan ser nosotros mismos, para sentir hondamente que nos necesitamos, que necesitamos ser «Testigos de Misericordia», en tanto que anclados en el amor misericordioso que Dios tiene con nuestros pecados –esos son las alienaciones– sentimos la necesidad de amar como he sido amado y perdonado, de entregar lo que me ha sido dado gratis, y, así, pasar de ser cómplice del desastre global por mis excesos de vida opulenta que pagan los más empobrecidos, también por mi causa, a ser hermano que promueve la corriente de solidaridad interhumana. Repito palabras anteriores: «Es un modo de amar, de pasar poco a poco de lo que yo quiero a lo que necesita el mundo de Dios».

Impulsemos, pues, comunidades cristianas que se saben insertas en esta aldea global, que es el planeta Tierra, donde se haga posible la vocación misionera de tal forma que entusiasme a nuestros jóvenes a repetir, mejor actualizar, las hazañas de los pioneros de la evangelización de América y ser, por tanto: «Testigos de Misericordia». Recemos para que así sea.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.