Visitar a los presos y enterrar a los difuntos

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol          En los comentarios a las obras de misericordia corporales, he de referirme hoy a estas dos: visitar a los presos y enterrar a los difuntos.

La condición de preso es muy dura por las circunstancias de privación de libertad, pero más duro aún es el peso de la conciencia de haber actuado mal. La historia refiere a muchos presos santos o personas honradas por la sociedad, desde Juan Bautista y los apóstoles Pedro y Pablo hasta Luther King y Mandela pasando por san Juan de la Cruz y Tomás Moro.

Pero lo habitual en las cárceles de países democráticos es que acojan a personas condenadas, o en espera de juicio, por haber dañado a la sociedad. En tales casos la depresión o la obsesión son frecuentes, y los presos solo pueden salir de ellas mediante el arrepentimiento y la compañía de otras personas que les escuchen y en las que puedan descargar sus conciencias o los motivos que les llevaron a cometer aquel delito. Alguien que no les juzgue, sino que les comprenda, que les aprecie tal como son. Quizá en algunos casos sea la primera vez que experimenten qué es un amor desinteresado.

Es una ayuda muy grande la simple compañía, compartir tiempo, servir de enlace con sus familias o atender a variadas necesidades que pueden expresar en esta relación de confianza. Así conocerá, quizá sin mención expresa, la misericordia de Dios hacia sus vidas.

Enterrar a los muertos es otra obra de misericordia que siempre se ha practicado, y de la que han quedado testimonios como el de Tobías, en el Antiguo Testamento, o Antígona, en la literatura griega. Tiene un fuerte componente espiritual: es atender a la dignidad de la persona, que es cuerpo y alma, y supone honrar la memoria del difunto, que es lo que hacemos cada vez que vamos a rezar a un cementerio.

Celebrar honras fúnebres y dar sepultura es una obligación familiar de caridad, sin que falten casos, y hemos visto algunos, en los que la muerte de una persona sin hogar, un indigente, ha sido acompañada por quienes visitan a enfermos y por organizaciones humanitarias cuyos miembros fueron la última familia para el difunto.

Esta obra de misericordia nos recuerda que todas las personas son hijas de Dios y que Jesucristo triunfa sobre la muerte, pues es resurrección y vida. Una vida eterna en la que ya no habrá lágrimas porque Dios acogerá en sus brazos amorosos a quien ha llegado al final de su existencia.

+ Jaume Pujol

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.