Encontrar el camino para volver al Señor

mons_martorellMons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Durante el viernes y el sábado anteriores al IV domingo de Cuaresma, el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización nos propone participar en la iniciativa “24 horas para el Señor”.

El Papa Francisco afirma en la Bula “Misericordiae vultus”: “Muchas personas están volviendo a acercarse al sacramento de la Reconciliación y entre ellas muchos jóvenes, quienes en una experiencia semejante suelen reencontrar el camino para volver al Señor, para vivir un momento de intensa oración y redescubrir el sentido de la propia vida”.

El Santo Padre añade: “De nuevo ponemos convencidos en el centro el sacramento de la Reconciliación, porque nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia” (MV 17).

San Juan XXIII tenía la costumbre de confesarse con regularidad y delicadeza. Siendo obispo, durante los breves periodos de vacaciones que pasaba en su pueblo natal, se confesaba con el párroco todos los viernes a las tres de la tarde, en recuerdo de la muerte del Señor. También hemos visto imágenes del Papa Francisco confesándose.

¿Por qué no valoramos la posibilidad de reencontrar el camino para volver al Señor? ¿Cuáles son las principales dificultades para confesarnos? Entre otras, destaco las tres siguientes:

1) Hay ocasiones en las que sentimos vergüenza por nuestra condición de pecadores y nos resistimos a recibir la absolución sacramental. La vergüenza, ciertamente, nos previene de cometer errores. Es como una señal de alerta que impide que nos dejemos llevar por un sendero equivocado. Pero, una vez que reconocemos nuestra fragilidad, la vergüenza no debe ser obstáculo para invocar ayuda y suplicar perdón. El confesor está llamado a “ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia” (MV 17).

2) Nos inquieta ser reincidentes, casi monótonos. No apreciamos síntomas de mejora en nuestro carácter, en nuestras costumbres, en nuestras actitudes. Da la sensación de que repetimos un catálogo de defectos que se incrustan en nuestra piel como una segunda naturaleza. El confesor participa de la misma misión de Jesús: “ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva” (MV 17). Dios no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir y recibir consuelo y aliento. El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites.

3) No valoramos de modo suficiente la mediación eclesial. Nos decimos: ¿Confesarme con un hombre, con sus limitaciones y defectos, como yo? El sacerdote es testigo del pecado que nos condiciona, pero también es instrumento de la potencia de la gracia que nos transforma. Dios ha elegido el camino de la encarnación, ha asumido nuestra condición humana para hacerla partícipe de un caudal de vida divina. En la Iglesia, y mediante la Iglesia, Jesucristo sigue salvando a cada persona y acogiéndola en su misterio de muerte y resurrección. La Iglesia es signo e instrumento de reconciliación.

Volvamos al Señor y redescubramos el sentido de nuestra propia vida.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.