Parábolas de la Misericordia (III): El Padre misericordioso

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent         Entre todas las parábolas de la misericordia que encontramos en el evangelio de San Lucas, la más conocida es la del hijo pródigo. Estamos ante la que algunos exegetas consideran “la parábola por excelencia”. La Iglesia nos la ofrece como texto evangélico para la celebración de la Eucaristía de este cuarto domingo de Cuaresma. Actualmente hay un gran consenso entre los estudiosos de la Sagrada Escritura en que el personaje más importante de la parábola no es el hijo que ha marchado de casa, sino el padre que lo acoge con una “compasión excesiva” cuando este regresa. Por ello muchos piensan que se le debería cambiar el título: no es propiamente una parábola dedicada al hijo pródigo, sino al padre misericordioso.

Estamos ante una parábola con la que Jesús pretende justificar su comportamiento frente a las murmuraciones de los fariseos y escribas que, al ver que “solían acercarse a Jesús todos los publicanos y pecadores a escucharlo” (Lc 15, 1), decían: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos” (Lc 15, 2). Para responder a estas críticas, Jesús les dice tres parábolas: la de la oveja perdida y encontrada (Lc 15, 3-7), la de la moneda perdida y encontrada (Lc 15, 8-10) y la del hijo pródigo, que también “estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 24. 32).

En esta última, Jesús nos sitúa ante un caso extremo. La decisión del hijo menor es el rechazo más grande que pueda tener un hijo hacia un padre: pedir la herencia en vida del padre es como desearle la muerte. Abandonar la casa es decirle que ya no quiere saber nada de él. Las mismas motivaciones del hijo al regresar no están inspiradas por el amor, sino por el interés. La necesidad es tan grande que le lleva a superar la vergüenza. La reacción del padre se sitúa en el extremo opuesto: para él, su hijo continúa siendo su hijo, por muy grande que haya sido su desprecio. Mientras que los escribas y fariseos ven a los pecadores como tales, Dios los ve como hijos suyos. Jesús tiene esta mirada del Padre: el pecador no deja de ser hijo de Dios.

El padre, al ver al hijo, “se le conmovieron las entrañas” (Lc 15, 20). No le deja terminar el discurso que se había preparado. Inmediatamente le restituye a la dignidad de hijo y celebra un banquete. Así manifiesta la alegría que hay en el cielo cuando un pecador se convierte (Lc 15, 7. 10). Jesús nos descubre que el corazón de Dios no es el de un juez implacable, sino el de un padre misericordioso.

En las tres parábolas se destaca la alegría que sienten el pastor cuando encuentra a la oveja (Lc 1, 5), la mujer cuando encuentra la moneda (Lc 15, 9) y el padre cuando el hijo regresa a la casa (Lc, 15, 20); y invitación a compartir esa alegría (Lc 15, 6. 9. 32). Aquí encontramos la respuesta de Jesús a esos fariseos y escribas que lo criticaban: quien, considerándose justo, no se alegra por el hecho de que los pecadores se acerquen a la salvación, no ha conocido a Dios ni siente como Él y, por muy religioso que sea, está tan necesitado de abrir su corazón al amor del Padre, como el hijo que ha marchado de casa.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.