Las Obras de Misericordia en el Año Jubilar: El Proyecto Solidario Diocesano para el Jubileo Exraordinario de la Misericordia

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano           Muchos de vosotros habéis traspasado la Puerta de la Misericordia de nuestra catedral de Teruel y el Tránsito de la Misericordia al que esta da paso. Después de sentirnos acogidos por Cristo, que se nos presenta como la Puerta por la que entrar en el corazón misericordioso de Dios (cfr. Jn 10,9), se nos invita a dejarnos envolver por representaciones de pasajes del antiguo y del nuevo testamento que nos mueven a acoger el gran don de la misericordia del Padre, de la mano de las enseñanzas y de la vida de Cristo. Al terminar el Tránsito nos encontramos con María, Madre de Misericordia, que nos enseña a vivir como ella lo hizo: acogiendo la misericordia de Dios y brindándola a los demás. La pila bautismal, como fuente de la Misericordia, sobre la que se encuentra la representación del Espíritu Santo en forma de paloma, nos hace poner los ojos en la cruz desnuda de Cristo de la que mana constantemente el don de la Misericordia divina.

Todo ello confluye en una invitación al peregrino al que se le invita a reflexionar, antes de salir, sobre las obras de misericordia como un camino inexcusable que nos transforma. “La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo”. (Francisco, Mensaje cuaresma 2016).

Gestos que abren nuestro corazón y nuestro entendimiento y nos ayudan a contemplar la realidad de un modo nuevo. Estamos llamados a romper la indiferencia ante el destino de las personas más pobres de nuestro mundo y de nuestro entorno. Sí, romper la indiferencia a semejanza de lo que Dios hace con nosotros. Él no es indiferente ante nuestras miserias, las tuyas y las mías; las redime, las sana, nos invita a redescubrirnos en lo que somos conforme al Plan de Dios para cada uno de nosotros, conforme a nuestra dignidad de hijos de Dios en el Hijo. Como el Señor se ocupa de nosotros, así nosotros debe mos ocuparnos de nuestros hermanos, especialmente de los más pequeños y necesitados. “La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo”. (Francisco, Mensaje cuaresma 2016).

En este empeño de llevar adelante las obras de misericordia está inmersa también nuestra Iglesia diocesana. Os decía al iniciarse esta cuaresma que el 2 de Abril celebraremos el Encuentro Diocesano de la Misericordia. En él se va a proponer un proyecto solidario diocesano que nos ayude a concretar comunitariamente, a parte de nuestros compromisos personales, el espíritu en el que nos imbuyen las obras de misericordia. Se pretende poner en marcha un Centro de Día para las personas que lo necesiten, que estará situado en la casa de Cáritas diocesana de Teruel, en que se prestarán algunos servicios de acogida, asesoramiento y compañía. Del proyecto se nos irá dando debida cuenta en las próximas semanas para que podamos conocerlo adecuadamente y apoyarlo con ilusión.

Será una propuesta magnífica para que juntos podamos asumir un compromiso solidario, concreción de las obras de misericordia y expresión, como recuerda Francisco, de la credibilidad de la Iglesia y, a la vez, convertirse en un modo muy significativo y práctico para “despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina”(Misericordiae Vultus 15).

  + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.