Las Obras de Misericordia Corporales: Visitar a enfermos y presos

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       La enfermedad es una situación que todos, o casi todos, un día u otro  experimentamos.

Enfermedad —infirmitas, en latín— significa “no firmeza”. Se trata de situaciones en las que nuestra persona vive una intensa vivencia de debilidad, más o menos grave, provocada por diversas causas.

Puede convertirse en un momento de gracia, de progreso espiritual, de maduración personal, pero al mismo tiempo, de prueba, de dolor, de incertidumbre y de tentación.

El enfermo, cuando ha de afrontar una larga enfermedad, grave o con desenlace imprevisible, se plantea, aunque no lo exprese, las grandes cuestiones: ¿Por qué a mí? ¿Qué mal he hecho? ¿Me curaré? ¿Se acaba mi vida? ¿Me ayudará Dios? También es posible que pase y repase su vida…

La acción y la presencia del personal sanitario, de familiares, amigos y otras personas que lo visitan repercuten en ayuda ante la siempre difícil experiencia de la enfermedad.

El hecho de visitar a los enfermos —y también a los ancianos en su casa o en las residencias— es una de las obras de misericordia, pero debe entenderse muy bien cómo hacer la visita para que realmente sea una bendición y una ayuda para el enfermo. No todas las visitas pueden considerarse obras de misericordia.

– Debemos agradecer a la mayoría de profesionales sanitarios su entrega y profesionalidad. Les pedimos que se esfuercen por formarse, pero también que vivan sabiendo que su profesión es un gran servicio de amor.

–  Como cristianos formando Iglesia hemos de velar para que en los hospitales se ofrezca acompañamiento, presencia y acción de Jesús por medio de los sacramentos. Es necesario que se ofrezca este servicio pastoral a los enfermos ingresados, y que los familiares y visitantes lo propongan.

–  También, desde las parroquias, los visitadores de enfermos a domicilio han de procurar ejercer su misión a semejanza de Jesús, el Buen Pastor, y siguiendo las indicaciones diocesanas.

–  Los visitadores han de convertir su visita en un momento de “bendición”, de acompañamiento, de afecto… Hay que evitar hablar de las propias enfermedades, o cansar al enfermo con historias que puede que no le interesen en absoluto. Debemos evitar quitar importancia a su situación, diciendo “esto no es nada”, porque para el enfermo sí que es importante. Convienen pocas palabras, pero muchos gestos y miradas.

–   Atención, familiares: no es momento de interesarse por la herencia, y menos aún presionar para que el paciente tome decisiones, firme, decida…

–   A los sacerdotes, recordarles que no solo se trata de una obra de misericordia sino de una exigencia de su misión el procurar que no falte el acompañamiento con firmeza, ni el perdón ni la paz de Cristo.

En las prisiones o centros de internamiento hay personas privadas de libertad, según las leyes humanas de cada país. Se trata de personas alejadas de sus familias, de su entorno, de sus pueblos y ciudades…

San Juan Pablo II, en el mensaje del Jubileo del año 2000, recordaba: “Pensando en estos hermanos y hermanas, les deseo que Cristo Resucitado, que entró en el cenáculo estando las puertas cerradas, también pueda entrar y hallar acogida en sus corazones para ofrecerles paz y serenidad”.

La atención de la Iglesia a los internos se realiza por medio de sacerdotes, diáconos y voluntarios especializados (Pastoral Penitenciaria).

–  Todos podemos apoyar a estos voluntarios y, si alguien se siente llamado, puede ofrecerse a los responsables de dicha pastoral.

–  Lo que todos podemos hacer, si tenemos oportunidad, es evitar marginar a los que ya han cumplido condena o a los que tienen permisos.

“Estaba enfermo y me visitasteis, y en prisión y vinisteis a verme”

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 434 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.