Enfermos y refugiados

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol         En este Año Jubilar me detengo a considerar hoy dos obras corporales de misericordia: la visita a enfermos y la acogida a los refugiados.

Quienes se encuentran enfermos precisan, junto a los cuidados médicos, la compañía de otras personas y a veces no tienen familia o la tienen lejos. A los cristianos se nos pide, para atenderlos, algo que es más valioso que el dinero: el tiempo. ¿Quién está dispuesto a sacrificar su tiempo? Por fortuna la Iglesia siempre ha concedido prioridad a este servicio fraternal. Algunos santos destacaron especialmente por este carisma, como san Vicente Paúl, que dio origen ya en el París de su tiempo a esta actividad caritativa. Son incontables en el mundo los seglares que, como voluntarios, acuden a los hospitales o a los domicilios de personas que se encuentran internadas, o que no pueden salir de casa. En las parroquias tenemos este impagable servicio organizado a través de la Pastoral de la Salud.

Visitar a los enfermos, hacerles compañía y, si es el caso, llevarles el sacramento de la Eucaristía, es actuar con ellos como miembros que son de nuestra familia cristiana, diocesana y parroquial. Para mí es una alegría, en mis visitas pastorales, acudir a la cabecera de personas enfermas, como lo es tener noticia de esta actividad llevada a cabo por voluntarios con tanta entrega y diligencia.

La obra de misericordia de acoger al refugiado se denominaba tradicionalmente dar posada al peregrino. En ambos casos se trata de acoger al forastero, aunque este término haya caído en desuso a favor de otros: turista, inmigrante y refugiado.

A lo largo de la historia han nacido muchas obras para este cometido: basta ver las instituciones surgidas a lo largo del Camino de Santiago o de otros lugares de peregrinación. Y junto a ellas, las nacidas para atender a personas pobres generalmente desplazadas, como las casas para transeúntes o instituciones hospitalarias como el antiguo Hospital de Santa Tecla.

La cara más amarga de esta necesidad de ser ayudados la presentan en nuestra época los refugiados que huyen de sus países por conflictos armados, la tiranía o el hambre. Ya hemos visto cómo la guerra de Siria ha arrojado cuatro millones de refugiados, y como el papa Francisco, cuando muchos llegaron a Europa, pidió a todas las parroquias e instituciones eclesiales que acogieran alguna familia.

Pidamos a la Sagrada Familia de Nazaret, que también fue refugiada, que seamos generosos en estas acogidas.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.