La confesión, sacramento de la misericordia

jimenezzamoravicenteMons. Vicente Jiménez          La celebración del sacramento de la Penitencia es una prioridad pastoral entre nosotros en elJubileo Extraordinario de la Misericordia. Consciente de que la penitencia y la reconciliación están en el corazón del Evangelio, de la misión de la Iglesia, y de que una buena práctica del sacramento de la Penitencia, es signo de renovación y vitalidad de nuestra existencia cristiana, me atrevo a proponer la celebración del sacramento de la Penitencia como uno de los frutos más fecundos y uno de los signos más expresivos de este Año Santo de la Misericordia, que se ha abierto con la Puerta Santa del Perdón.

Este Jubileo de la Misericordia puede ser una ocasión privilegiada para volver a proponer en la acción pastoral la belleza y la eficacia del sacramento de la Penitencia, que nos hace experimentar el gozo del amor misericordioso del Padre.

Doctrina y disciplina de la Iglesia

Una verdadera renovación de la pastoral de la Penitencia exige respetar la doctrina y la disciplina penitencial de la Iglesia prescrita en el nuevo Ritual de la Penitencia promulgado por el Papa Pablo VI después del Concilio Vaticano II. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda también la doctrina y las normas de la Iglesia (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1480-1484). La observancia fiel de las normas de la Iglesia es signo de comunión eclesial.

Una prioridad pastoral

San Juan Pablo II, en la Carta apostólica Novo Millennio Ineunte, señalaba como una de las prioridades pastorales al comienzo del nuevo milenio, el sacramento de la Reconciliación: “Deseo pedir, además, una renovada valentía pastoral para que la pedagogía de la comunidad cristiana sepa proponer de manera convincente y eficaz la práctica del sacramento de la Reconciliación […] ¡No podemos rendirnos, queridos hermanos sacerdotes, ante las crisis contemporáneas! Los dones del Señor – y los sacramentos son de los más preciosos – vienen de Aquel que conoce bien el corazón del hombre y es el Señor de la historia” (Juan Pablo II, Carta apostólica, Novo Millennio Ineunte, 37).

Penitentes arrepentidos

Es hermoso poder confesar nuestros pecados, y sentir como un bálsamo la palabra que nos inunda de misericordia y nos vuelve a poner en camino. Sólo quien ha sentido la ternura del Padre misericordioso para con el hijo pródigo – “se le echó al cuello y lo cubrió de besos – puede transmitir a los demás el mismo calor y convertirse en testigo de la misericordia del Padre.

El Papa Francisco, siendo jesuita, antes de ser nombrado Obispo Auxiliar primero y luego Arzobispo de Buenos Aires, pasados los años en que fue Provincial de la Compañía de Jesús, dedicó un período bastante largo al ministerio de confesor. Él mismo se acerca en ocasiones a confesarse en la Basílica de San Pedro. Así le hemos visto en alguna imagen que es toda una pastoral en directo y una invitación a la práctica del sacramento de la Confesión. El mismo Papa Francisco ha acuñado esa frase tan consoladora: “El Señor no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”.

En el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, escuchábamos estas palabras de San Pablo: “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”

(2 Cor 5, 20). En este Año Santo de la Misericordia, debemos acercarnos con fe y devoción al sacramento de la Penitencia para experimentar la gracia del perdón y el don de la misericordia, y celebrar así dignamente la Pascua.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.