Cantaré eternamente las misericordias del Señor

Mons. Cerro ChavesMons. Francisco Cerro        Creer en la Misericordia del Señor es acoger que desde su Amor y nuestra confianza, nuestra vida tiene siempre solución, aunque a veces la mejor solución no coincide con la nuestra. Este Salmo que canta las Misericordias del Señor nos impulsa a dar la vida y entregarla por amor a todos, especialmente porque la misericordia es dar el corazón al miserable.

¿Qué exige de nuestra vida el cantar eternamente las Misericordias del Señor?

Pues lo primero que exige es una identificación con los sentimientos del Corazón de Cristo. Esta unión con el Dios-Amor exige de cada uno de nosotros saber que cada vez que nosotros llamamos a Dios, Abba, Padre, Él siempre acaba preguntándome ¿dónde está tu hermano? Desentenderse de los que sufren, en el fondo, es colapsar la intimidad con Dios. Es necesario, en el fondo, experimentarse amado por el Señor para poder tener un corazón misericordioso. Es clave, aquí, en su programa de felicidad que con las Bienaventuranzas nos dice “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”. Sin ese experimentarse amando la misericordia no es posible. Esta vivencia de la misericordia nos abre a todos los sufrientes de la historia.

Lo segundo es que sin una profunda relación con Jesús, a través de la Eucaristía y de la oración, no suele ser muy probable que perseveremos en el corazón que se inclina ante el que sufre, el miserable, el rematadamente pobre. ¿De dónde sacar las fuerzas cuando esta misericordia, a veces, es heroica? Tenemos que volver a la ternura en el Corazón de Cristo, para ser misericordiosos como es su Corazón, su Divina Misericordia, esta entrañable misericordia que nos abre a vivir la alegría del Evangelio.

Por último, es necesario convencernos de que debemos “aterrizar” en las Obras de Misericordia, que es el programa que el papa Francisco nos urge y anuncia. Sin una profunda relación de Amor con el Señor el Rostro de la Misericordia del Señor no es posible impregnar la tierra de la “civilización del Amor” que tiene el Corazón de Cristo como fuente de caridad para los pobres.

+ Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 171 Articles
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.