Vestir al desnudo

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol         Al abordar esta obra de misericordia corporal, viene a la mente la escena más conocida de la vida de san Martín de Tours, recogida por muchos pintores, como El Greco: era un militar de origen húngaro al servicio del Imperio romano que, estando a las puertas de la ciudad de Amiens, vio a un mendigo tiritando de frío, y tomando su espada cortó la mitad de su capa y se la entregó. A la noche siguiente se le apareció Jesucristo vestido con media capa para agradecerle el gesto.

La popular leyenda nos remite a unas palabras de Cristo mismo cuando dijo que lo que hacemos por uno de los pobres menesterosos es como si se lo hiciéramos a él mismo.

No se trata de dar lo que nos sobra, sino de compartir, que es mucho más, es decir, privarnos de una parte de nuestros bienes para que puedan disfrutarlos otros que los necesiten. En este caso la ropa. Para ello hay que saber ver las necesidades ajenas, no pasar de largo.

De Ladislao Kubala, que en los años cincuenta fue un ídolo de la afición del Barça no menor de lo que ahora lo es Messi, contaban sus colaboradores que era una persona muy desprendida. Con cierta frecuencia, paseando por las Ramblas o por otras calles de Barcelona, se encontraba con un mendigo y le daba su jersey o su chaqueta. Sus acompañantes no podían impedir su gesto espontáneo que hacía sin apenas pensarlo.

Si hoy no parece un problema tan grave la falta de vestido es también por la ayuda de varias entidades, entre ellas Cáritas, que ofrecen ropa gratuitamente o a precios simbólicos después de recogerla de domicilios o de contendedores donde es depositada.

Pero vestir al desnudo creo que es una obra de misericordia cuya necesidad nunca desaparecerá, al menos considerada en otro aspecto: la de ayudar a personas que se encuentran desnudas de afectos, de comprensión, de compañía. Personas que viven solas o que están internadas en residencias y que –como dijo el Papa- se pasan a veces el día mirando  a la puerta esperando, quizá inútilmente, que aparezca alguien de su familia.

Hay una desnudez del alma que debe conmovernos. La de quienes han perdido el afecto que debe rodear a toda persona para que se sienta feliz. Nuestra oración y compañía pueden ayudarles. No se trata de darles consejos al estilo de deberías hacer esto o aquello, sino de estar con ellas, escucharlas y, si es posible, ayudarlas en lo que piden.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona

 

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.