Perdón, Señor, perdón

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora         La dimensión social de la fe no es un añadido a la confesión del que sabe decir: «Creo en Dios Padre Todopoderoso» sino la percepción de quien, porque confiesa el amor de Dios que nos ha traído Jesucristo y nos ha regalado con el Espíritu Santo, se siente convertido de su vida anodina y, tantas veces, sin sentido. Os invito a leer este párrafo del Mensaje de Cuaresma del papa Francisco:

«Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco “seréis como Dios” (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos. La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia».

Damos gracias a Dios por el magisterio del papa Francisco, que sabe describir con toda claridad la raíz del pecado en cada uno de nosotros, pues, aun cuando no tengamos riquezas abundantes, sentimos la seducción de que, cuando tenemos dinero, lo podemos todo, y que, cuando no lo tengo, me siento herido en mi autosuficiencia, maldiciendo mi suerte. En el interior, en lo más profundo de nosotros mismos, está la fuerza misteriosa del Espíritu de Dios que nos invita sencillamente a pedir perdón, porque nos hemos creído con poder de determinar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es justo e injusto, afirmando la engañosa libertad de elegir al margen de Dios y de los demás, con una más que disminuida capacidad para hacer lo que es bueno, justo y verdaderamente libre.

Expresar con toda rotundidad «perdón, Señor, perdón», es esperar con la confianza y la certeza de que le intereso a Dios más que a mí mismo, es afirmar mi radical incapacidad de hacer el bien: la verdad, la bondad y la belleza a la altura del ser humano, de la persona que quiere Dios en su proyecto de plenitud para su criatura humana, la plenitud que nos ha mostrado en Jesucristo. Es, en definitiva, esperarlo todo del que nos ama sin limitar su amor porque percibe mejor que nosotros mismos la mentira, la maldad y la fealdad que los pecados de todo tipo han cultivado en nosotros. «Este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia». El Señor nos dice «levántate y anda, y, en adelante, no peques más». Gracias por tu perdón, Señor.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.