Las Obras de Misericordia Corporales: Acoger al forastero

Mons Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas          El papa Francisco, en el mensaje de Cuaresma de este año, remarca que es un milagro que la misericordia de Dios vivida nos impulse a amar, por medio de las obras que la Iglesia ha denominado “de misericordia”. Nos recuerdan que la fe se traduce en acciones concretas y cotidianas para ayudar a las personas en cuerpo y espíritu. Así se despierta nuestra conciencia, con frecuencia adormecida ante el drama de los “sin techo”. Pensemos que la carne de Cristo, el propio Cristo, se hace visible martirizado, herido, forastero, sin techo, como dice el Papa.

Jesús también se identifica con el forastero. Recordemos la escena evangélica del juicio final según san Mateo: “Era forastero y me acogisteis”.

En los últimos años se ha multiplicado el número de personas que, al emigrar de sus países por causas diversas, y la mayoría en busca de la posibilidad de una vida digna, han venido a vivir  a nuestros pueblos y ciudades.

Fundamentalmente, la obra de misericordia actualizada nos propone que convirtamos a los forasteros en “cercanos”, “en prójimo”, a semejanza del buen samaritano de la parábola. Jesús convierte en cercano a alguien desconocido, abandonado en la cuneta, necesitado.

Debemos remarcar que, además de hacerlo con ayudas puntuales, debemos ayudar a los emigrantes a encontrar un trabajo permanente que les permita ganarse el pan, regularizar su situación legal, afrontar las dificultades reales para que puedan hallar alojamiento o vivienda, además de atención sanitaria, educación y, si fuese necesario, ayudas para que pasen a ser ciudadanos del país.

Al mismo tiempo y, sobretodo en ciudades y grandes poblaciones, nos encontramos con personas llamadas “sin techo”. Son las que se han quedado sin vivienda a causa del impago de las hipotecas; son las que viven realquiladas en espacios reducidos, las que quizás durante un tiempo se han visto en la necesidad de compartir las camas por horas (“camas calientes”), las que no pueden pagar los alquileres por falta de ingresos suficientes…

Se pueden hacer muchas valoraciones y reflexiones, buscar las causas, los culpables, reivindicar derechos… y quedarse tan tranquilo. Pero lo que se nos pide es dejarnos cuestionar personalmente por el problema y dar respuestas efectivas e inteligentes.

A título de inventario, algunas indicaciones:

– Que los cristianos no hagamos discriminaciones en alquilar viviendas prejuzgando que con los “forasteros” tendremos problemas.

– Colaborar con las instituciones que buscan viviendas dignas para quienes no las tienen, ofreciendo donativos para garantizar que puedan pagar los alquileres aquellos que no puedan. Se puede ofrecer el valor de un alquiler mensual, o de dos, o de tres, o de… depende de las posibilidades de cada cual.

– Recordar a los responsables políticos, a las administraciones públicas, a las entidades bancarias, que tomen decisiones efectivas para que el derecho a la vivienda no quede solo sobre el papel, sino que lo sea de verdad.

– El problema de cancelar las hipotecas en época de crisis es complejo. Pero, si los grandes economistas han sido capaces de hallar propuestas para aumentar los beneficios, también tienen capacidad y recursos para afrontar este problema.

– Si tenemos alguna vivienda alquilada y se retrasa el pago del inquilino debido a su situación económica por falta de trabajo de los miembros de la familia, tengamos paciencia y, dialogando con los interesados y/o con las instituciones adecuadas, busquemos soluciones antes de emprender acciones legales.

– Agradezcamos todo cuanto se está haciendo para construir albergues, bloques de viviendas sociales, residencias… para inmigrantes, transeúntes, jubilados…

“¡Todo cuanto hagáis a uno de éstos a mí me lo hacéis!”.

Son palabras de Jesús.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 406 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.