Parábolas de la Misericordia (I): Los dos deudores (Lc 7, 36-50)

Tortosa Obispo Enrique BenaventMons. Enrique Benavent             La Iglesia nos exhorta a que en el tiempo de Cuaresma escuchemos con más asiduidad la Palabra de Dios. En la bula Misericordiae vultus, con la que el Papa anunciaba la celebración del Jubileo extraordinario de la Misericordia, se nos anima a vivir este tiempo de una manera especial: “Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre” (nº 17). Con el fin de ayudaros a vivir esta sugerencia del Papa, dedicaré las reflexiones de los domingos que quedan de este tiempo litúrgico a comentar algunas de las parábolas de la misericordia que encontramos en el evangelio de San Lucas. Comenzamos hoy por la parábola de los dos deudores.

Es importante situar cada una de las parábolas en el contexto en que Jesús las pronuncia. El Señor recurre a esta forma de predicación para responder a preguntas que se le hacen, para transmitir alguna enseñanza o para justificar su manera de actuar. Este es el caso de la parábola de los dos deudores. Jesús ha sido invitado a comer en casa de un fariseo. En el transcurso de la comida sucede algo inesperado. Una mujer, “que era una pecadora” (Lc 7, 37) irrumpe en la casa y, llorando, unge los pies de Jesús con perfume, los besa y los seca con sus cabellos. El fariseo, al comprobar que no rechaza el gesto de aquella mujer, en su interior juzga a Jesús (no a la mujer, porque esta ya está condenada: todo el mundo sabe que es una pecadora): “Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora” (Lc 7, 39).

Como respuesta a este pensamiento del fariseo, Jesús propone esta parábola. Un acreedor perdona la deuda a dos deudores: a uno le perdona quinientos denarios y al otro cincuenta. A continuación le plantea una cuestión al fariseo que lo había juzgado: “¿Cuál de ellos le mostrará más amor?” (Lc 7, 42). Su respuesta es lógica: amará más “aquel a quien le perdonó más” (Lc 7, 43). Ante esta respuesta, Jesús saca una conclusión que explica su comportamiento con aquella mujer pecadora: “sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco” (Lc 7, 47).

Esta conclusión es de una ambigüedad calculada: ¿La mujer ha sido perdonada porque había amado mucho, o al serle perdonados los pecados amó mucho, como el deudor al que se le había perdonado una gran deuda? En realidad el versículo 47 da a entender las dos cosas. A aquella mujer, que no podía confiar en los fariseos porque eran representantes de una religión entendida de forma legalista y ya la habían condenado, únicamente le quedaba una salida: poner su esperanza y su confianza en Cristo. Esta confianza la lleva a confiar en Jesús, a cercarse a Él sin importarle las apariencias. Estamos ya ante un acto de amor inicial a Cristo. Ese gesto de amor no deja indiferente al Señor, que responde con el perdón. Nos podemos preguntar cuál sería el sentimiento que producirían en aquella pecadora las palabras de Jesús: sin duda, su amor al Señor se haría más fuerte. Amaría más, porque se le habían perdonado todos sus pecados.

Acercarnos confiadamente a Dios reconociendo nuestros pecados es un acto de confianza y de amor a Él, ya que tenemos la certeza de que no nos condena como los fariseos. Al experimentar el perdón, nuestro amor a Dios se hace más fuerte. En este Año de la Misericordia no dudemos del amor de Dios y aprendamos que el sacramento de la Reconciliación es también el camino para crecer en el amor a Él.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.