El nombre de Dios es Misericordia

munilla_obispo_san_sebasianMons. José Ignacio Munilla         El Jubileo de la Misericordia alcanza uno de sus momentos álgidos en la invitación que el Papa Francisco nos dirige para acercarnos al sacramento del Perdón de los pecados. Justo antes de partir hacia México en su viaje apostólico, en el marco incomparable de una basílica vaticana abarrotada por los “misioneros de la misericordia” (expresión con la que el Papa ha querido designar a los sacerdotes enviados en su nombre a administrar el sacramento de la Reconciliación), y ante los cuerpos de San Pío de Pietrelcina y de San Leopoldo Mandic, dos de los grandes apóstoles del sacramento de la Confesión; el Santo Padre recuerda al mundo que existe esperanza, porque la misericordia de Dios se nos ofrece a todos, sin excepción.

¿Cuáles pueden ser, en el momento presente, los principales obstáculos para acoger esta invitación a abrirnos a la misericordia? En mi opinión, son tres:

El primero es la proyección en Dios de nuestra propia desesperanza. No en vano dice el refrán: “Se piensa el ladrón que todos son de su condición”. Y sucede que cuando en nuestras relaciones ha primado el desengaño, la sospecha o el temor; llegamos a generar una resistencia interior, que se traduce en una incredulidad hacia la posibilidad de un cambio. La confianza, en el fondo, es una expresión combinada de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La etimología del término es significativa: confiar (del latín “confidere”) es actuar con fe. Significa tener fe en que Dios es infinitamente bueno, y al mismo tiempo, tener esperanza en que su Amor es también para mí.

Pero existe también una segunda dificultad en el pensamiento contemporáneo, que nos indispone en gran medida para abrirnos al don de la misericordia. Me refiero a la contaminación del concepto de misericordia por el relativismo. En determinados contextos, se invoca la misericordia negando la misma existencia del pecado: “No existe pecado, ¡Dios es misericordioso!”. De esta forma, se olvida que Jesucristo nos urge en el Evangelio a la conversión y a dar frutos de buenas obras. Baste recordar en este inicio de la Cuaresma, las palabras que acompañan al signo de la ceniza sobre nuestra cabeza: “Conviértete, y cree en el Evangelio”. El relativismo vacía de contenido la misericordia, la desdramatiza hasta el punto de hacer innecesaria la redención de Cristo que conmemoramos en la Semana Santa.

En el libro-entrevista recientemente publicado por Andrea Tornielli (El nombre de Dios es misericordia, Planeta Testimonio), se recogen las siguientes palabras del Papa Francisco: “También el relativismo hiere mucho a las personas: todo parece igual, todo parece lo mismo”. Pues bien, teniendo en cuenta que el relativismo no es otra cosa que una hipertrofia del “yo”, hemos de subrayar que la condición para acoger la misericordia es la humildad, propia de quien reconoce su propia miseria. Si la misericordia no es otra cosa que el amor de Dios volcado sobre el mísero, la primera condición para acogerla es nuestra conciencia de ser pecadores.

Todavía hay un tercer obstáculo que dificulta nuestra apertura al don de la misericordia: la desconfianza en el sacramento de la Confesión. En el citado libro, el periodista le dirige a Francisco una pregunta muy práctica, que a buen seguro hemos escuchado con frecuencia: ¿Por qué es importante confesarse con un sacerdote? ¿No bastaría con arrepentirse y pedir perdón directamente a Dios? Curiosamente, en su respuesta a esta pregunta, el Papa Francisco menciona un episodio bastante desconocido de la vida de nuestro santo patrono, San Ignacio. En efecto, cuando Ignacio cae herido en la defensa del Castillo de Pamplona, comprende que su vida corre peligro e intenta buscar un sacerdote para confesarse. Al no encontrarlo, pide a un soldado que le escuche en confesión. Aun sabiendo que este no podría darle la absolución por no ser sacerdote, Ignacio sentía la necesidad de objetivar su arrepentimiento ante alguien. Las palabras del Papa comentando este episodio de la vida de San Ignacio son muy interesantes: “Somos seres sociales. Si tú no eres capaz de hablar de tus errores con tu hermano, ten por seguro que no serás capaz de hablar tampoco con Dios y que acabarás confesándote con el espejo, frente a ti mismo. Somos seres sociales y el perdón tiene también un aspecto social, pues también la humanidad, mis hermanos y hermanas, la sociedad, son heridos por mis pecados. Confesarse con un sacerdote es un modo de poner mi vida en las manos y en el corazón de otro, que en ese momento actúa en nombre y por cuenta de Jesús.”

Si yo tuviese que elegir dos fotografías entre las imágenes que mejor definen el carisma del pontificado del Papa Francisco, me quedaría con la imagen en la que besa con ternura el rostro terriblemente deformado de un enfermo; y en segundo lugar, escogería la imagen del Papa arrodillado confesándose. Son dos imágenes tan impactantes como significativas, que traducen a la perfección lo que la Iglesia entiende por MISERICORDIA.

Siguiendo la iniciativa de la Santa Sede, celebraremos las “24 Horas para el Señor” en la Basílica de Loyola, en el Santuario de Aránzazu y en la Catedral del Buen Pastor. En este último lugar, desde las 19:00 del 4 de marzo, hasta las 19:00 del 5 de marzo. Obviamente, existen otros horarios y lugares para confesarse. Pero se trata de visualizar un signo de que las puertas de la misericordia están siempre abiertas. Dios no se cansa nunca de perdonar, aunque nosotros nos hayamos cansado de pedir perdón.

+ José Ignacio Munilla Aguirre

Obispo de San Sebastián

Mons. José Ignacio Munilla
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Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre nace en San Sebastián el 13 de noviembre de 1961. Inició los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Toledo y los concluyó en San Sebastián. Obtuvo la licenciatura en Teología, especialización en Espiritualidad, en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Fue ordenado sacerdote en San Sebastián el 29 de junio de 1986. CARGOS PASTORALES Ha desempeñado el ministerio pastoral en Zumárraga: en los años 1986-1990 ha sido vicario parroquial en la Parroquia de la Asunción y en 1990 es párroco de El Salvador. Es también miembro del Consejo Presbiteral. El 24 de junio de 2006 fue nombrado Obispo Palencia y tomó posesión de la diócesis el 4 10 de septiembre de 2006. El 21 de noviembre de 2009 fue nombrado Obispo de San Sebastián,tomando posesión de la diócesis el 9 de enero de 2010. En la reunión plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE)que se celebró en Saint Gallen, Suiza, del 27 al al 30 de septiembre de 2012, fue nombrado presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de los obispos europeos. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde la Asamblea Plenaria de marzo de 2017. Cargo que desempeña desde 2011. Durante el trienio 2005-2008 fue miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Desde 2008 y hasta 2013 fue miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Subcomisión de Juventud).