Campaña contra el hambre de Manos Unidas

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar      Queridos diocesanos:

“Plántale cara al hambre. Siembra” es el lema con el que este año Manos Unidas quiere concienciarnos de la necesidad de seguir luchando para que todas las personas vivan dignamente. Sigue siendo un verdadero escándalo que resuena como un clamor en todos los rincones del universo que, en pleno S. XXI, todavía haya 805 millones de personas que pasan hambre; mucho más cuando el mundo tiene capacidad para producir alimentos hasta el derroche. Por eso, Manos Unidas lanza a toda la humanidad una llamada clara: pongamos cada uno lo que podamos para hacer y declarar la guerra al hambre porque tenemos que convencernos que la victoria es posible y que un día, con la solidaridad y la colaboración de todos, el hambre será un mal recuerdo del pasado.

En los últimos años Manos unidas, siguiendo la iniciativa de los objetivos de desarrollo del milenio, ha hecho hincapié en sus campañas apoyando derechos fundamentales principalmente en los pueblos del Sur. En el mundo han crecido las posibilidades para que todas las personas puedan vivir dignamente; sin embargo, la globalización no ha caminado por la vía de una mayor justicia social sino que ha seguido prevaleciendo la indiferencia, la exclusión social y el desinterés por los excluidos y vulnerables. Los cristianos nos sentimos especialmente animados y urgidos por nuestra condición de seguidores de Jesús a esta transformación del mundo; no olvidemos que Cristo se compadecía de las multitudes porque no tenían para comer (cfr. Mt 8, 2). La llamada que el Papa Francisco hace a toda la cristiandad con motivo del Jubileo de la misericordia es a poner en práctica las obras de misericordia, materiales y espirituales, como medio para despertar nuestra conciencia aletargada ante el drama de la pobreza y del hambre. Igualmente, los Obispos españoles en el documento “La Iglesia, servidora de los pobres” hemos urgido a todos los cristianos, a todas las comunidades y fieles, a “mostrarnos solidarios con los necesitados y a perseverar en la tarea ya emprendida de ayudarles y acompañarles” (n. 1)

Para transformar este mundo desde la solidaridad es necesario sembrar y llenar la sociedad de corazones compasivos; sí, hemos de cambiar el corazón de las personas para que seamos capaces de ser solidarios con los más necesitados para que nos abramos a las necesidades de los demás, especialmente de los más alejados, los “sobrantes” que define el Papa. Es necesario declarar la guerra al hambre desde la promoción de campañas en las que se reconozca y se cumpla el derecho a la alimentación a todos los niveles y para todas las personas; desde proyectos que faciliten el acceso a los recursos, a los medios de producción y a los mercados; desde la participación en foros internacionales en los que se denuncie y se propongan políticas sociales y económicas basadas en el bien común.

Para todo esto, Manos Unidas se ha propuesto un plan que durará tres años; en este tiempo se pondrán los medios para conocer las causas de esta situación a la vez que se buscan las soluciones oportunas. El plan contempla dos partes fundamentales: 1. La identificación de las causas y problemas a resolver con respecto al problema del hambre en el mundo (el mal uso de los recursos alimentarios y energético; la existencia del sistema económico internacional que sigue promoviendo un modelo basado en el mayor beneficio, excluyendo a los más débiles; y nuevos estilos de vida y consumo que favorecen ese modelo y hacen que aumenten la exclusión y la vulnerabilidad entre los más necesitados y empobrecidos); 2. Establecer las líneas fundamentales a recorrer para solucionar el problema del hambre en el mundo (acompañar a los más pobres y reforzar el derecho a la alimentación de los pequeños productores; contribuir para que caminemos hacia unos sistemas alimentarios más justos; educar para una vida solidaria desde la educación en la fraternidad, promoviendo aquellos valores que contribuyan a la edificación de la civilización del amor)

Todos debemos sentirnos llamados a hacer la guerra al hambre en el mundo porque sigue siendo la vergüenza en esta etapa de avances y altas tecnologías. A todos nos compete esta lucha y todo debemos sentirnos llamados a ser solidarios, a sembrar la solidaridad en medio de nuestro mundo egoísta. Ninguna persona debería permitir que otras personas pasen hambre mientras a otros nos sobra de todo. Sobre todo, la sensibilidad ante el hambre en el mundo debe brillar de manera extraordinaria en los creyentes en Jesús porque Él se identifica con ellos: sabemos que lo que hagamos con ellos es con Cristo y a Cristo a quien se lo hacemos (cfr. Mt 25)

Ante esta realidad algunos interrogantes deben golpear continuamente nuestro corazón humano y de creyentes: ¿qué puedo hacer yo? ¿qué estoy dispuesto a hacer? ¿soy lo suficientemente solidario o debería saber ser mucho más desprendido y justo para compartir con los más necesitados lo que yo tengo? Ahí están los interrogantes. Cada uno debemos responderlos porque sabemos, como creyentes en Cristo, que de esto nos van a juzgar al atardecer de la vida: “tuve hambre y me disteis de comer […] tuve hambre y no me disteis de comer” (Mt 25, 35) Que el Señor cambie nuestro corazón de piedra por un corazón mucho más solidario y caritativo para que a ningún ser humano le falte una vida realmente digna.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.