Primeras Obras de Misericordia

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol        A lo largo de este Año Jubilar me propongo considerar las obras de misericordia tanto materiales como espirituales que conforman este don, tan enraizado en el corazón mismo del Evangelio, teniendo en cuenta que Jesús mismo nos lo presenta como definitorio de nuestra vocación de cristianos discípulos suyos. Comienzo así con las dos primeras obras de misericordia corporales, que son dar de comer al hambriento y dar de beber al sediento.

Son innumerables los ejemplos de esta atención preferente de la Iglesia, de sus fieles y en particular de sus santos en todos los tiempos, así que me fijaré en uno solo, quizá el ejemplo más luminoso del siglo XX en este aspecto: la beata Teresa de Calcuta, que este mismo año el Papa declarará santa.

Su corazón era tan grande que no desdeñó ir más allá de Calcuta cuando fue requerida por ello. La primera ocasión llegó durante el concilio Vaticano II cuando un obispo venezolano le pidió que fuera a su país, narrando la necesidad de atender a los pobres y también de ofrecer un testimonio de fe. Ella se mostró reacia, porque la India le ofrecía ya un vasto panorama para su trabajo, pero no quiso desatender una petición de la Iglesia, y allí fueron sus monjas estableciendo la primera comunidad fuera del país asiático.

La segunda petición le llegó de Roma. Más aún en este caso, le pareció que las urgencias en una ciudad europea no eran tantas, más cuando en Roma ya vivían 22.000 monjas de muy diversas congregaciones, de modo que se hallaba inclinada a rechazarla, hasta que supo que procedía de Pablo VI. También había muchos pobres en Roma…y en Tanzania, otro país de la larga lista que siguieron.

Nosotros podemos encontrarnos a veces como la Madre Teresa, pensando que en Catalunya el nivel de vida es relativamente alto y que hay gobiernos, instituciones y entidades muy variadas que pueden cuidarse. Lo cierto, sin embargo, es que a cada uno de nosotros Jesucristo nos pide que demos de comer al hambriento y de beber al sediento, es decir, que les atengamos en sus necesidades más vitales.

No debemos preguntarnos entonces si no podrían hacerlo otros, sino qué hago yo con este caso que conozco, con esta persona que llama a mi puerta. En el hermano necesitado debemos ver a Jesucristo. Él mismo nos dijo que lo que hacemos a estos hermanos lo hacemos a él. Que seamos sensibles a la necesidad ajena. Este es el sello del cristiano.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.