El ecumenismo y la renovación espiritual

SaizMenesesMons. Àngel Saiz Meneses         Del 18 al 25 de enero se celebra cada año la semana de Oración por la Unidad de los cristianos, que culmina el día 25, fiesta de la conversión de San Pablo. Los materiales de este año han sido elaborados por un grupo de Letonia. El lema elegido es: «Destinados a proclamar las grandezas del Señor». Este lema se inspira en un pasaje de la Primera Carta de san Pedro (2, 9-10), y a partir de él se quiere transmitir fundamentalmente  el mensaje de que todos los bautizados, aunque formen parte de diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, comparten la misma vocación de proclamar las grandezas del Señor. Nuestra diócesis siente vivamente el espíritu ecuménico y en esta ocasión me gustaría reflexionar sobre la incidencia que puede tener para el ecumenismo entre nosotros la celebración del Jubileo de la Misericordia.

El papa Francisco desea que el Año Santo sea “un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual” (MV 3) y, si lo logramos, no hay duda de que esto tendrá una repercusión positiva en el ecumenismo. El Papa confiesa, en la bula de convocatoria del Jubileo, que escogió la fecha del 8 de diciembre –una fiesta mariana de mucho arraigo en nuestro país- por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia católica. En ese día se cumplió  el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. “La Iglesia –dice el papa Francisco- siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella se iniciaba un nuevo periodo de su historia. Derruidas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe” (MV 4).

La Iglesia católica, en el Concilio Vaticano II, hacía especialmente suya la tareade la evangelización; era una reflexión que ya había recorrido un largo trecho en los ambientes ecuménicos. La tarea de la evangelización era el paso a una propuesta más misionera de la fe. A la vez, consciente del “escándalo de la división de los cristianos”, el Concilio hacía suyo también el imperativo ecuménico y dedicaba uno de sus documentos a esta cuestión. “Que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

¿Puede el Jubileo de la Misericordia, celebrado por los católicos, ayudar al ecumenismo? Creo sinceramente que sí. En primer lugar, porque el tema del Jubileo –la misericordia de Dios Padre manifestada en el rostro de Cristo- es tan central en la fe cristiana que espero que pueda tener eco en el corazón de los cristianos que no forman parte de la Iglesia católico-romana. Es muy significativo que el Papa hable reiteradamente en la bula de convocatoria de “todos los cristianos” – o del Pueblo de Dios-, y no sólo de “todos los católicos”.

En suma, si vivimos sentimientos de “misericordia y de bondad para con todos los hijos separados de la Iglesia” –fueron palabras de san Juan XXIII en la  apertura del Concilio-, podemos esperar del Espíritu Santo  la gracia que el actual Jubileo sea un paso más – un avance- en el camino de la reconciliación de los cristianos. “¡Cómo deseo –escribe el papa Francisco- que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!” (MV 5).

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.