Dar de comer al hambriento

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora         Ah, que llega la Campaña del Hambre que promueve Manos Unidas? Bien, toca donar un dinero más abundante en la colecta de la Misa o hacerlo llegar por otros medios, por ejemplo en suscripciones, pues hay que ayudar a los que mueren de hambre que son muchos todavía. ¡Parece mentira, en el siglo XXI que estamos!

Nada habría que decir al que así piensa y actúa, y, sin embargo hay un camino mejor y es el que nos señala el Papa para esta Cuaresma del Año Jubilar de la Misericordia. La escucha de la Palabra de Dios y la oración nos llevan más lejos que el estupendo sentimiento humano, pues… «me da mucha pena del pobre hambriento». Así manifiesta el papa Francisco su intención para este año tan especial: «quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio».

Dios Padre se ha manifestado en Jesucristo, «la Palabra de Dios hecha carne» y es Él el que nos muestra el amor de Dios a la Humanidad: en Él nos sentimos amados y podemos experimentar cómo el corazón se nos ensancha y recibe la misma capacidad de amar que el que nos dijo «dadles vosotros de comer». Y, en nuestras pobres manos, también se multiplican los recursos para dar de comer a los muchos hambrientos a causa de la malísima distribución de la riqueza en este mundo.

Poder llegar a pagar tal o cual proyecto que Manos Unidas nos ofrece para paliar el hambre en el Mundo, es, para nosotros, una cuestión de fe. Repito, una vez más, las palabras del Papa: «Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos».

«Dar de comer al hambriento», que el Papa sitúa como la primera de las obras de misericordia corporales, es sentir la urgencia —primerear— de mostrar nuestro agradecimiento por haber recibido de Dios la conversión del corazón, por sacarme del letargo de la rueda de la producción y el consumo, para entrar en la dinámica de la gratuidad, pues gratis me quiere Dios a pesar de mis muchos pecados, deficiencias e indiferencias. «La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo». (Mensaje del Papa para la Cuaresma de este año.)

El motor que mueve nuestro bolsillo misericordioso es mucho más potente que mi sentimiento de persona que come todos los días. Sentida la Misericordia de Dios en el fondo de nuestro ser, vacía nuestros bolsillos porque nos llena el corazón del amor de Dios.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.