Los sacramentales

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez         Después de reflexionar sobre los siete sacramentos el Catecismo de la Iglesia Católica dedicaré un capítulo a los sacramentales (Cf. CEC, 1667-1690). Hay muchos y diversos actos de culto que son sacramentales. Han sido instituidos por la Iglesia para el bien pastoral del Pueblo de Dios. Preparan para recibir el fruto de los sacramentos y santifican las diversas circunstancias de la vida.

Hay que remontarse al mismo Jesucristo para encontrar el origen de los sacramentales. Él mismo utilizó determinados elementos y realizó unos gestos con fines sobrenaturales, sin elevarlos a la categoría de sacramentos. Usó barro para curar a un ciego (Cf. Jn 9,6), bendijo a los niños imponiéndoles las manos (Cf. Mc 10, 16), bendijo a los apóstoles con las manos extendidas (Cf. Lc 24, 50), utilizó agua para lavar los pies a los discípulos (Cf. Jn 13, 6.-12), levantó los ojos al cielo para rezar (Cf. MC 6, 41; Jn 11, 41; 17,1). Continuamente recurría a signos materiales para hacer milagros, explicar la doctrina o poner de manifiesto algo espiritual. Así manifestó de manera sensible e inteligible la capacidad santificante que puede tener todo lo creado asumido con intenciones limpias, rectas y buenas. Toda la creación es útil, purificada del pecado, para proclamar las grandezas de Dios y alabar su bondad. Jesucristo recurrió a cosas materiales, gestos y expresiones corporales, como signos tangibles de realidades sobrenaturales intangibles.

Desde los orígenes, los Padres de la Iglesia, imitaron al Señor dando un sentido sagrado y litúrgico a las ofrendas y oblaciones eucarísticas. Desde siempre los cristianos practican el sacramental de hacer la señal de la cruz al levantarse de la cama, al salir de casa, al ponerse en camino a pie o con un vehículo, al inicio de la comida, al pasar ante un templo, al ir a dormir, al encontrarse ante una dificultad, ante un examen, al conseguir unos resultados y en muchas otras ocasiones.

En la Edad Media (s. XII) comienza a utilizarse el término “sacramentales” referido a determinados ritos. Hasta entonces se hablaba de sacramentos mayores y menores. Los menores, decían, aumentan la salvación y han de ser recibidos con devoción. El Concilio de Trento definió cuáles son los siete sacramentos. Además, siguiendo la práctica tradicional de ceremonias de origen antiguo, señala qué otros ritos merecen el nombre de sacramentales. El Concilio Vaticano II, que realizó la reforma litúrgica, se refiere explícitamente a los sacramentales. Les dedica el capítulo III de la Constitución Dogmática “Sacrosantum Concilium” (SC 59-81). Esto pone de manifiesto la importancia que se les otorga. También constan en las ediciones pos-conciliares del Código de Derecho Canónico (CDC 1166-1172). Merecen, pues, una consideración especial.

Con estas premisas históricas, conociendo la práctica remota de los sacramentales, se pueden describir y definir. La Iglesia recoge el deseo de los cristianos de santificar todas las cosas, que a imitación de los sacramentos, son signos sagrados que significan efectos espirituales. Los sacramentales disponen a recibir la gracia. El Código de Derecho Canónico siguiendo las instrucciones del Concilio Vaticano II, los define así: “Son signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y se obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales” (CDC 1166)). El Catecismo de la Iglesia Católica añade: “Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida” (CEC 1668). La Iglesia establece cuáles son, y los interpreta, añade, suprime o modifica para el bien del pueblo cristiano. Nos interesa en sucesivos temas reflexionar especialmente sobre la intención de la Iglesia al usar los sacramentales, cuáles son, a qué sensibilidad dogmática responden y con qué espíritu han de realizarse.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).