El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

yanguas_cuenca Mons.  José María Yanguas       Queridos diocesanos:

Cuando estamos a punto de comenzar la Cuaresma de este Año de la Misericordia resuenan con renovada intensidad las palabras del profeta Joel (2, 12-13) que leemos en la primera lectura de la Misa del Miércoles de Ceniza: “Convertíos a mí de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en el amor”.

Son palabras que no dejan lugar a equívocos. Dios espera de nosotros un cambio profundo, un cambio del corazón, que es lo mismo que decir un cambio personal, un cambio de nuestra entera persona. El profeta Joel al apremiar al pueblo de Israel  a convertirse al Señor de corazón o con todo el corazón, está exigiéndole una mutación del propio yo: un cambio que afecta al modo de pensar, de hablar, de actuar, de sentir. En efecto, no se contenta el Señor con un cambio superficial, con una especie de barniz de buenas obras que no tocan el centro mismo de la persona, el corazón. No basta con rasgar el vestido en señal de luto; si ese gesto no va acompañado del dolor de corazón, de una honda contrición, se degrada y  se convierte en una mueca hipócrita.  El Señor nos quiere a nosotros antes y más que nuestras obras. Es preciso que volvamos a mirar al Señor, que nos orientemos hacia Él, que lo pongamos en el centro de nuestra vida. Nos pide que tengamos el coraje de entrar dentro de nosotros mismos para poner orden con la ayuda de Dios, para devolver a cada persona  y cada cosa al lugar que le corresponde. En este tiempo de Cuaresma somos llamados a dar de nuevo la primacía a Dios.

El profeta habla de convertirse a Dios con ayunos, llantos y lamentos. La conversión requiere necesariamente  percibir con claridad la situación desgraciada en que uno se encuentra cuando está lejos de Dios. La lejanía de Dios, la conciencia del mal que nos aflige, la enormidad del pecado, hacen que el llanto arrase nuestros ojos  y el lamento llene nuestra boca. Pero es necesario que reconozcamos nuestros pecados y que no ocultemos nuestras iniquidades, sin miedo a llamarlas por su verdadero nombre

Al mismo tiempo la conversión del cristiano, el deseo de volver a la casa del Padre no es algo que abrume, que nos atenace e inmobilice, ya que está transida de esperanza. El cristiano tiene la certeza de que quien nos espera es un Dios “compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en el amor”, un Dios que goza perdonando, que se alegra de la vuelta a casa de quien la había abandonado sin motivo.

En esta Cuaresma El Señor nos invita a experimentar la dulzura de su misericordia, el  calor de su abrazo sanador en el sacramento de la Penitencia; nos pide, nos implora que nos dejemos reconciliar por su amor infinito.  Nos convida a un diálogo de amistad en la escucha y la meditación más intensa de la Palabra de Dios, con el fin de prepararnos mejor para la celebración de la Pascua. Nos llama a una lucha decidida para dominar y someter nuestras pasiones y cuanto se opone a la primacía de Dios en nuestras vidas

Nos incita de manera particular a vivir las obras de la misericordia, porque es natural que nuestra fe se traduzca en gestos “concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu”.

Iniciemos alegre este tiempo de mayor gracia de Dios, tiempo en que el Señor se nos muestra especialmente propicio; vivámoslo saboreando la misericordia del Señor y procurando ser cada uno testigo de esa misma misericordia.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).