“Misericordia, Dios mío, por tu bondad…” (Sal 50,3).

Santiago de Compostela Julian_Barrio (1)Mons. Julián Barrio       Queridos diocesanos:

Sigue en nosotros arraigado el sentir de cumplir con el precepto en la Cuaresma, es decir acercarse a la celebración del Sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía. Todo tiempo pero de manera especial el tiempo cuaresmal es el privilegiado para descubrir el rostro misericordioso de Dios. “La Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre!”[1], escribe el Papa. Por mi parte, pido que en las parroquias y comunidades religiosas se haga una reflexión sobre las parábolas de la misericordia y se contemple en las homilías el carácter bautismal y penitencial de las oraciones y lecturas que se proclaman en el período de la liturgia cuaresmal.

La liturgia cuaresmal dominical

Con el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, en el Domingo primero de Cuaresma, la comunidad cristiana es llamada a la conversión eclesial a través de la escucha de la Palabra, la oración y el ayuno. La contemplación de la Transfiguración del Señor en el segundo domingo nos invita a afianzar la fe en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo para adherirse en plena fidelidad a la voluntad de Dios. La parábola de la higuera sin fruto en el tercer domingo nos urge a superar la dureza de mente y de corazón para que acogiendo la Palabra de Dios y dejando espacio al Espíritu seamos capaces de dar frutos de verdadera y continua conversión. En el cuarto domingo la liturgia nos ofrece la parábola del padre misericordioso para reconocer a Dios como Padre bueno y grande en el perdón, que acoge en el abrazo de su amor a todos los hijos que vuelven a él con ánimo arrepentido, para recubrirlos con los vestidos de la salvación, hacerlos partícipes de la alegría del banquete pascual y restituirlos a la dignidad real de hijos de Dios. El pasaje de la adúltera perdonada del quinto domingo vuelve a llamar a cada bautizado a abrirse al perdón incondicionado de Dios que en Cristo renueva todas las cosas.

¿Realmente Dios nos interesa?

Me duele comprobar a veces que Dios no nos interesa y que estamos viviendo a nuestro aire muy ocupados de nuestras cosas de las que hacemos ídolos que tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen, y no dan respuestas a nuestras íntimas aspiraciones. ¿Hasta cuándo vamos a pretender ignorar a Dios en nuestra vida, siendo esclavos del pecado? “La paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom 6,23). Se nos ha llamado a vivir en santidad y justicia todos los días de nuestra vida, dispuestos siempre para toda obra buena. ¡No hagamos esperar a Dios y volvamos a él! ¡No digamos ya tendré otra ocasión! ¡Tal vez no podamos disponer de ella! Por eso es el momento de decir: “Escúchame, Señor, porque es dulce tu misericordia. Vuélvete hacia mí según la inmensidad de tu misericordia, no según la multitud de mis pecados”, como manifestaba san Agustín. Jesús nos ha dicho: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). El estilo de vida del cristiano ha de estar definido por la misericordia. Los cristianos hemos de ser personas de misericordia en el camino de la perfección. “Así pues, escribe el Obispo de Hipona, cuando haces una obra de misericordia, si das pan, compadécete de quien está hambriento; si le das de beber, compadécete de quien está sediento; si das un vestido, compadécete del desnudo; si ofreces hospitalidad, compadécete del peregrino; si visitas a un enfermo, compadécete de él; si das sepultura a un difunto, lamenta que haya muerto; si pones paz entre quienes litigan, lamenta su afán de litigar. Si amamos a Dios y al prójimo, no podemos hacer nada de esto sin dolor en el corazón”. Ante el deterioro de lo humano que padecemos, la fe hace la vida más humana y más digna de ser vivida.

Exhortación final

Mostremos siempre interés por el otro con detalles aunque sean pequeños, pero de manera especial en este tiempo de preparación para la Pascua. Vivir los unos para los otros en la familia, en la parroquia y en la sociedad se convierte según el papa Francisco en “un signo viviente de la presencia de la misericordia de Dios en Cristo”, que nos motiva a recorrer el camino de la conversión y del retorno a lo esencial, a compartir y a vivir con un estilo sencillo de vida, intensificando la oración en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial, y ayudando con gestos de caridad.

En el camino hacia la Pascua, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

[1] FRANCISCO, Misericordiae vultus, 17.

Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).