Los Obispos y la historia de fidelidad de Dios con su Pueblo

Mons. Rafael ZornozaMons. Rafael Zornoza        A raíz de la presentación oficial del libro “Los Obispos de Cádiz (Siglos XIX-XX), un estudio a través de su historia, su heráldica y su genealogía”, del profesor Francisco Glicerio Conde Mora, en la que tuve el gusto de participar, reflexiono sobre la historia de la Iglesia, nuestra amada Iglesia, y por ende el Episcopado, los Obispos, en una cadena en la que se fragua nuestra única Iglesia presente en el mundo desde más de veinte siglos. Es la historia de Jesucristo con su Pueblo a través de la Sucesión Apostólica.

La historia de la Iglesia, para quien tiene fe, es, en efecto, la presencia de Cristo Vivo y Resucitado en la vida de los hombres, formando un solo cuerpo con su Esposa, la Iglesia, que hay que conocer como Misterio – de Comunión – para la Misión. Así lo recodaba el Concilio Vaticano II. Vive, sin duda, los avatares del mundo, sus culturas, los dramas y las tramas de la existencia, las luchas de los hombres (no siempre por superarse a si mismos; a veces por el poder, el lucro, la dominación), sus desigualdades… pero tiene una misión concreta. Podríamos decir, con palabras de la Carta a Diogneto (s.II) que su vocación es ser como el alma para el cuerpo, ser el alma del mundo.

Los obispos ciertamente viven también inmersos en todas las corrientes, en la cultura de cada momento, en los sucesos de la historia. Pero, como Sucesores de los Apóstoles al frente de la Iglesia (cf. Constitución Dogmática LG 7) tienen como misión que ésta sea fiel a Cristo y a su misión en el mundo siendo principio visible y el garante de la unidad de su Iglesia particular. Por institución divina, los Obispos, mediante el Espíritu Santo que les ha sido conferido en la consagración episcopal, son constituidos Pastores de la Iglesia, con la tarea de enseñar, santificar y guiar, en comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro y con los otros miembros del Colegio episcopal. Esta nota de la apostolicidad asegura a la Iglesia la gracia y la responsabilidad de su tarea de enseñar. Los Obispos, además, tienen la tarea de santificar y guiar al Pueblo de Dios cum Petro et sub Petro, continuando la labor desarrollada por sus predecesores, con dinamismo misionero. (cf. Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos “Apostolorum Successores”). En resumen, pues, el Obispo debe velar por la fe de los creyentes, anunciar e invitar a todos a entrar en su casa, ser fermento del evangelio en la sociedad.

Los obispos, como sucesores de los Apóstoles, están llamados a participar en la misión que Jesucristo mismo confió a los Doce y a la Iglesia. Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “Los obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misión de enseñar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda criatura, a fin de que todos los hombres consigan la salvación por medio de la fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos” (Lumen Gentium , 24). La misión, pues de la Iglesia, como vemos, responde plenamente al clamor más imperioso del mundo de hoy: devolver a cada persona el alma que tiene, de la que prescinde en su crisis de sentido.

A mí también, como cristiano, la historia de la Iglesia y la presencia de los obispos representando a Cristo en la comunidad, me invita, ante todo, a la oración. Ante toda para dar gracias a Dios por el bien de la iglesia en medio del mundo, y por los bienes que son fruto de su apostolado, su obra de santificación y su caridad; por su cultura extendida de cuyas raíces siguen alimentándose innumerables corrientes cívicas de economía, jurisprudencia, política, arte, etc. También a la oración para pedir por nosotros hoy, por nuestra diócesis y por mí, para que acertemos en este momento de nuestra historia con la palabra, la vida, el testimonio y la acción necesaria para hacer presente a Cristo el Señor y su evangelio, hasta entregar la vida por Cristo y por el bien de los hermanos.

Recuerda la Exhortación Pastoris Gregis que el conjunto de todos los obispos forman como un gran mosaico donde entre todas las teselas se dibuja el rostro de Cristo, Obispo y Pastor de los creyentes.Deseo que sea patente para todos el pastoreo del Señor, el Buen Pastor que cuida de nosotros proporcionándonos humanidad -es decir, alma- y vida eterna.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.