Preparemos la Cuaresma de la Misericordia

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       El próximo miércoles, con la significativa celebración de la imposición de la ceniza, iniciaremos la Cuaresma del presente año. Ha de ser la oportunidad que nos permita vivir intensamente el año jubilar de la Misericordia.

El propio Papa lo manifiesta en la bula del jubileo: “La Cuaresma de este año Jubilar ha de ser vivida con mayor intensidad, como el momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios. ¡Cuántas páginas de la Sagrada Escritura pueden ser meditadas en las semanas de Cuaresma para redescubrir el rostro misericordioso del Padre! Con las palabras del profeta Miqueas también nosotros podemos repetir: “Tú, oh Señor, eres un Dios que perdona las culpas, que no mantienes para siempre tu enojo. Te complaces amando. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo.  Destruirás nuestras culpas y arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados (núm. 17)”.

Así mismo, es necesario que manifestemos a todo el mundo la misericordia de Dios que acogemos, como discípulos de Cristo, con nuestro proceder personal y comunitario. A semejanza de Jesús, el Misericordioso que pasó haciendo el bien y acogiendo a los afligidos, hagámoslo presente para que nos convirtamos en iconos de la misericordia del Padre.

Por todo ello, durante la Cuaresma, mis cartas semanales recordarán e intentarán actualizar las “obras de misericordia”.

Como ya recordaba en las prioridades pastorales, al señalar una de les finalidades del presente jubileo: “Durante este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir nuestro corazón a todos cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con tanta frecuencia el mundo moderno crea de forma dramática. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento hay en el mundo de hoy!… Durante este Jubileo, la Iglesia será llamada a curar todavía más tales  heridas, a suavizarlas con el aceite de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a sanarlas por medio de la solidaridad y la atención que reclaman”.

Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos privados de su dignidad, y sintámonos provocados a oír su llamada de auxilio. Que nuestras manos estrechen las suyas, y acerquémosles a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito sea también el nuestro y que juntos podamos superar la barrera de la indiferencia que acostumbra a reinar soberanamente ocultando la hipocresía y el egoísmo.

Mi vivo deseo —escribe el Papa— es que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales.

Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer a quien tiene hambre, dar de beber al sediento, vestir a quien está desnudo, acoger al forastero, atender a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los difuntos.

Y no olvidemos les obras de misericordia espirituales: aconsejar a quien lo ha de menester, enseñar a quien no sabe, corregir a quien está equivocado, consolar a quien está triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a les personas que nos molestan, rezar a Dios por vivos y difuntos.

La distinción entre las obras materiales y las espirituales es evidente, pero es necesario remarcar la unidad que hay entre ellas. Las privaciones materiales que influyen en la condición física de las personas con frecuencia tienen repercusión en las capacidades psíquicas y espirituales. Los ánimos alterados y trastornados repercuten en la salud el cuerpo. Con frecuencia, las persones necesitan atención espiritual al tiempo que soporte material.

La Cuaresma, tiempo de conversión, es el tiempo favorable para vivir la misericordia de Dios Padre respecto de cada uno de nosotros, y así también nos convertiremos en apóstoles de la misericordia.

¡Convirtámonos, creamos en el Evangelio de la Misericordia, acojámoslo y ofrezcámoslo!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 424 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.