LVII Campaña de Manos Unidas. Plántale cara al hambre: Siembra

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano           La 57 Campaña de Manos Unidas pone de nuevo a nuestra consideración la lucha contra el hambre en el mundo. Han pasado 57 años desde que un grupo de mujeres de Acción Católica decidió con determinación declararle la guerra al hambre. Más de medio siglo luchando con eficacia frente al subdesarrollo que lastra y subyuga a muchos países del Sur. Es cierto que se han ganado muchas batallas, pero la guerra no se ha terminado. Y de ello nos quiere seguir haciendo conscientes Manos Unidas.

El lema de este año es muy elocuente y, a mi parecer, está cargado de intención. Dice así: “Plántale cara al hambre: siembra”. Es elocuente porque nos sitúa con claridad ante el problema del hambre en el mundo. Un drama que sigue siendo una realidad y que exige que tomemos conciencia ante el mismo. A la vez, está cargado de intención. No basta con tomar conciencia. Se nos llama a la acción, a tomar medidas y buscar soluciones. En definitiva a comprometernos.

Quizá la lucha contra el hambre nos parezca lejana, ajena, imposible de vencer…. Siempre me hago la consideración de que si eso hubiesen pensado aquel grupo de mujeres audaces que hace más de medio siglo se pusieron manos a la obra pensando que la palabra imposible no podía formularse, hoy Manos Unidas no sería una realidad. Y tanta gente que se ha visto favorecida por su ayuda no la hubiese podido disfrutar. Pero ellas se pusieron a sembrar. A dar pequeños pasos con generosidad y resolución. Creo que hoy somos nosotros los que debemos dar pasos y comprometernos en la lucha contra el hambre.

Este curso, coincide la Campaña de Manos Unidas con la celebración del Jubileo extraordinario de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. El Papa nos exhorta a vivir este año acogiendo el don de la Misericordia y nos anima a convertirnos en “Misericordiosos como el Padre”. Para ello nos propone un camino práctico: cumplir las obras de misericordia. Estas nos ayudan a poner en el centro a los pobres y a quienes necesitan nuestra ayuda. Nos mueven a abrirnos a los demás y a sus necesidades. El Papa nos recuerda que el amor a los pobres y nuestro compromiso a la hora de ayudarles no es una cuestión optativa para la Iglesia ni para los creyentes, sino que es una cuestión básica del Evangelio “dado que Dios otorga a los pobres su primera misericordia” (Evangelii Gaudium 198).

Entre las obras de misericordia corporales, la primera es dar de comer al hambriento. El Papa Benedicto XVI nos recordaba que esta obra de misericordia es una responsabilidad eclesial derivada de la misma acción de Jesús: “En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón, como en cambio Pablo VI deseaba. Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta.” (Caritas in Veritate 27).

Gracias a Manos Unidas y al trabajo de las voluntarias y voluntarios de la Delegación de Teruel, tenemos la oportunidad de poder luchar contra el hambre. Os animo a participar en los actos que se van a desarrollar en la diócesis con motivo de la Campaña; os animo plantar cara al hambre. Es una buena forma de recorrer el camino de la misericordia al que nos invita este año Jubilar.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.