La Diocesis de Mérida-Badajoz cuenta con presencia de la vida religiosa en todos los campos de la sociedad

El 2 de febrero celebramos la Jornada de la Vida Consagrada. San Juan Pablo II celebró la primera en 1997. Desde entonces, cada 2 de febrero se pone en el candelero de la gratitud y la oración a los religiosos.

Este día se pone fin al Año de la Vida Consagrada, que ha venido celebrando la Iglesia universal desde el 30 de noviembre de 2014. Durante este tiempo los religiosos se han acercado al pasado de las congregaciones y han llevado al presente la realidad de sus fundadores con la gran esperanza del futuro.

Ante ese futuro, Mercedes Díaz Tortonda, Presidenta de CONFER diocesana, reconoce que “los religiosos vamos menguando en cuanto a número por la edad o la enfermedad, pero tenemos una profunda esperanza, que el Papa Francisco nos ha ido transmitiendo en cada momento”.

Este Año ha servido para dar a conocer a la Iglesia, y a la sociedad en general, la relevancia de la vida consagrada. Vicente Martín Muñoz, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada, “agradece a Dios el regalo de la vida consagrada porque tiene una papel muy importante a nivel educativo, sanitario, colectivos de exclusión social, lucha por la justicia… En nuestra Diócesis no hay ni un solo campo social donde no haya presencia de vida consagrada, con su estilo y de una manera gratuita”.

Ante la falta de nuevas vocaciones, Mercedes Díaz ha planteado la posibilidad de que en un futuro en las congregaciones se acoja a personas consagradas por un tiempo limitado. “En nuestra sociedad actual el compromiso de por vida es bastante difícil”, afirma.

El Delegado apunta a una mayor vinculación entre la vida laical y religiosa. “Casi todas las congregaciones tienen a su alrededor una asociación de laicos que continúa el carisma de la congregación”.

Para acercarse a los jóvenes es necesario un testimonio que transmita alegría, esperanza y que contagie. Vicente Martín afirma que “los religiosos son expertos en ser testigos por estar precisamente en la calle”.

A pesar del descenso en el número de religiosos no hay que olvidar que su labor en la Diócesis sigue siendo imprescindible y, como apunta Vicente Martín, “no tiene relevo y son insustituibles, pues tienen una dedicación exclusiva”.

Un ejemplo de esa falta de relevo que lleva a la desaparición de comunidades en nuestras Diócesis es la despedida de las Marianistas tras 40 años de labor evangelizadora y de trabajo con personas de exclusión social en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, en el barrio pacense del Gurugú. Su casa es cedida a Cáritas Diocesana, que pondrá en marcha un proyecto para la mujer.

Mensaje del Arzobispo de Mérida-Badajoz a la Vida Consagrada

Testimonios

Rafael Mateos, sj

Pertenece a la Compañía de Jesús. Está en la comunidad del Colegio San José, de Villafranca de los Barros, del que es Superior y Director del colegio. La comunidad está formada por seis jesuitas: Un Hermano, cuatro sacerdotes y un escolar, preparándose para el sacerdocio.
Cinco, entre ellos Rafael, se dedican por entero al trabajo en el Colegio y uno a la asistencia religiosa y llevar la comunión a los enfermos de la localidad. También colaboran con las dos parroquias y atienden a dos colegios y comunidades de religiosas.
“Soy de Madrid y estudié en el colegio de los Jesuitas. Cuando terminé COU entré en la Compañía. Llevo 51 años de jesuita y estoy encantado, como el primer día.
Desde muy adolescente yo me sentía muy querido por Dios, quien me ha regalado muchas cosas y me preguntaba: ¿Qué puedo darle yo? Para mí fue un regalo mi familia cristiana y el haber tenido contacto con el Evangelio en el colegio, enseñarme a orar y el testimonio de los jesuitas.
La Compañía de Jesús no tiene un carisma específico. Podemos encontrar jesuitas en cualquier acción apostólica: científica, educativa, social con inmigrantes o parroquias. En el mundo cuentan con 4.000 colegios, 69 en España, dos de ellos en la Diócesis: Badajoz y Villafranca de los Barros, que es el único en el país que cuenta con residencia de estudiantes.
El Año de la Vida Consagrada ha resituado la vida religiosa en el mundo actual, volviendo al carisma fundacional. Ha supuesto una renovación y ha fortalecido la vida espiritual.
Para las nuevas vocaciones es un punto importante el testimonio, pero también llevar a los jóvenes a la experiencia de Dios, que ellos puedan hablar con Él y sentir su cariño. Es necesario darles medios para que se pongan delante de Dios”.

Hna. Susana López

Pertenece a las Esclavas de Cristo Rey, que en la Diócesis cuenta con una comunidad en Gévora formada por 6 hermanas.
“Ingresé un 2 de febrero de hace 17 años.
Las Esclavas de Cristo Rey me ayudaron a acercarme a Dios y a conocerle a través de una experiencia, de unos ejercicios espirituales, me enseñaron a rezar y hacer silencio. Tuve claro que yo también quería ayudar a otros a acercarse a Dios como hicieron conmigo. Mi encuentro con Dios y el deseo de entrega vino al mismo tiempo.
Nosotras tenemos casas de oración y ayudamos a que la gente se encuentre con Dios a través de ejercicios espirituales, retiros y acompañamiento directo espiritual y personal. Proporcionamos lugares de silencio y tranquilidad.
Las personas vienen a nuestras casas predispuestas a dejarse ayudar y con esa sensibilidad a la acogida. Nosotras les abrimos las puertas de nuestra casa. Con ellas tenemos un contacto directo, conocemos sus búsquedas y lo que van viviendo.
Dios me hace muy feliz y somos mujeres consagradas porque ha habido un encuentro profundo con Dios y un deseo de que la gente le conozca. La vida religiosa es un lugar de plenitud, de libertad, de crecimiento y en el que se puede vivir muy feliz.
En el Año de la Vida Consagrada hemos profundizado en lo que somos y hemos tenido mucho contacto con las religiosas que han venido a nuestra casa a hacer retiros, lo que nos proporciona conocer muchos carismas y encontrarnos con personas que viven a fondo su entrega. Además, hemos trabajado los documentos que el Papa nos ha regalado y todas las dimensiones de nuestra vida. La vida consagrada es un lugar de belleza, sobre todo cuando es testimonio de ese amor de Dios.
La vida consagrada sobre todo es Vida”.

Entrevista Vicente Martín Muñoz y Mercedes Díaz Tortonda

(Archidiócesis de Mérida-Badajoz)

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