Con María misioneros de la Misericordia de Cristo

ANSA943213_LancioGrandeInaugurando las audiencias generales de los sábados, una cada mes, en el marco del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco invitó este 30 de enero a los peregrinos que llegan a Roma de tantas partes del mundo «a ser auténticos misioneros de la misericordia, para que elEvangelio pueda tocar el corazón de los hombres y abrirlos a la gracia del amor de Dios», con el amparo y ayuda de la Madre de Jesús:

«Que su estancia en la Ciudad Eterna los confirme en el amor de Cristo y Él los haga susmisioneros de la misericordia, en especial para todos los que se sienten lejos de Dios. Roguemos a la bienaventurada Virgen María, Madre de la Misericordia, para que nos ayude a ser cada vez más misioneros de la Misericordia».

«En este Año Santo de la Misericordia, estamos llamados a reconocer que tenemos necesidad del perdón que Dios nos ofrece gratuitamente, porque cuando somos humildes, el Señor nos fortalece y alegra en nuestra fe cristiana», reiteró el Santo Padre, una vez más.

Exhortación que fue recibida con profunda emoción, también de parte de los peregrinos polacos,  a los que recordó, en la síntesis de la catequesis central, a San Juan Pablo II y su encíclica sobre la Misericordia Divina. «La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia—el atributo más estupendo del Creador y del Redentor— y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora» (Dives in misericordia, 13):

«Saludo cordialmente a los polacos que han venido para la primera audiencia general del Año Santo. Hoy nos damos cuenta de que todos debemos ser misioneros de la Divina misericordia. Pidamos a Cristo que fortalezca nuestra fe, que nos confirme en la santidad, para que cada día podamos ser benévolos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándonos mutuamente como Dios nos ha perdonado (cfr EF 4,32). Alentando a cada uno de ustedes a realizar la misión de la misericordia, los bendigo de corazón».

En su diálogo familiar con los peregrinos, el Santo Padre recordó con afecto a una señora que trabajaba  en la Casa de Santa Marta, que falleció después de una larga enfermedad, rezando con los participantes en la audiencia un Ave María, por la Señora Elvira y también por todos los difuntos y rogando el consuelo para sus seres queridos, como obras de misericordia.

Salud de los trabajadores, dignidad de la vida humana y contaminación ambiental

Con su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, el Obispo de Roma  recordó asimismo la importancia de salvaguardar la salud de los trabajadores y de la tutela de la vida humana. Lo hizo dirigiéndose a los miembros de la Asociación nacional italiana de mutilados e inválidos del trabajo:

«Su presencia me ofrece la ocasión de reiterar cuán importante es salvaguardar la salud de los trabajadores; y defender siempre la vida humana, don de Dios, sobre todo cuando es más débil y frágil».

Y en sus saludos a los dirigentes y empleados del Automóvil club de Italia y de la empresa nacional de transportes, la preocupación del Papa por la contaminación ambiental y su agradecimiento por la atención a los peregrinos:

«Alentándolos en su trabajo –  porque que hoy la calidad de la vida social depende mucho de la calidad de los transportes – deseo asimismo un compromiso cada vez mayor para reducir la contaminación. Y les agradezco por los servicios destinados a los peregrinos, en especial en este año jubilar».

En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa evocó a San Juan Bosco, fundador de los Salesianos, padre y maestro de los jóvenes:

«Mañana recordaremos a San Juan Bosco, apóstol de la juventud. Contémplelo, queridos jóvenes, como educador ejemplar. Ustedes, queridos enfermos, aprendan de su experiencia espiritual a confiar siempre en Cristo crucificado. Y ustedes, queridos recién casados, pidan su intercesión para asumir con generoso compromiso su misión conyugal».

(CdM – RV)

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