Signo de contradicción

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco         Jesús es un signo de contradicción para el mundo. Así se lo dijo el anciano Simeón a su madre María, cuando lo llevó al templo de Jerusalén para ser circuncidado. Y así se ha comprobado a lo largo de la historia bimilenaria del cristianismo. Amado por unos, odiado por otros; acogido por humildes y sencillos, rechazado por soberbios y poderosos; adorado por los suyos, perseguido por los poderes de este mundo. Desde la cuna a la cruz, y desde la resurrección hasta su última venida gloriosa, Jesús se ha convertido en un signo de contradicción, que obliga a los hombres a tomar decisión a favor o en contra de él. Cuando unos magos de Oriente le buscaban guiados por la fe, Herodes intentaba matarlo. Mientras los publicanos y prostitutas le seguían, los letrados de Israel rechazaban su enseñanza. Y la acogida que mostraba a quienes se sentían excluidos del Reino de Dios provocaba la indignación de quienes se consideraban poseedores del mismo Reino.

En Cristo, Dios ha querido romper los esquemas religiosos de quienes pensaban que Dios debía acomodarse a sus ideas sobre la religión, la piedad y el culto verdadero; o más aún, de quienes consideraban que Dios era exclusiva propiedad del pueblo elegido. Por eso, cuando Jesús va a su ciudad de Nazaret, sus vecinos, al oírle hablar con tanta sabiduría, se quedaban admirados, y le pedían que hiciera los milagros que había hecho en Cafarnaún. Si era uno de los suyos, si conocían a su padre José y a su familia, se creyeron con derecho de que hiciera en su pueblo lo que había hecho en otras aldeas vecinas.

Semejante pretensión es rechazada por Jesús, que se sirve de los ejemplos de dos grandes profetas, Elías y Eliseo, para hacer comprender a sus conciudadanos que Dios no es manipulable, ni pertenece exclusivamente a un pueblo concreto, aunque sea el pueblo de la elección. Elías hizo un milagro a una pobre viuda de Sarepta en el territorio pagano de Sidón, fuera de las fronteras de Israel. Y Eliseo curó a un leproso venido de Siria para lavarse en las aguas del Jordán. Con estos ejemplos Cristo manifiesta la universalidad de la salvación que trae como enviado de Dios, y rechaza todo intento de manipulación por quienes se creen con derecho a utilizar a Dios en beneficio propio.

Dice el evangelio de hoy que, al oír estos ejemplos de Jesús, quienes se habían admirado de su sabiduría, cambiaron de actitud. Se pusieron furiosos y, echándole del pueblo, lo llevaron hasta un precipicio con intención de despeñarle. ¡Que vienen se aplican aquí las palabras de Cristo: «nadie es profeta en su tierra»! O lo que dice el prólogo de san Juan: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron». Jesús se ha convertido en un signo de contradicción, ciertamente, pero sólo para aquellos que desean dominarlo, manipularlo y convertirlo en su bandera propia. Este fue uno de los sufrimientos más íntimos de Cristo, al verse rechazado por su pueblo, lo que le hizo llorar ante Jerusalén, días antes de su pasión, al ver que seguía el camino de los grandes profetas: el rechazo y la pasión.

Los que estamos en la Iglesia no estamos exentos de caer en la misma tentación de «los suyos». También nosotros podemos pensar que Cristo es propiedad nuestra y que tenemos asegurada la salvación. Cada vez que nos encerramos en nosotros mismos y olvidamos, como decía san Juan Pablo II, que Cristo es un derecho de todos los pueblos y de todos los hombres, podemos caer en el peligro de quedarnos con Cristo y no ofrecerlo a los demás, cerrándonos así a la misión universal que se nos ha confiado. También para nosotros valen entonces las palabras de Jesús: «Vendrán de oriente y de occidente y os precederán en el Reino de los cielos».

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).