¡Gracias!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      El pasado 21 de noviembre más de dos mil niños y niñas llenaron las calles de Alcázar de San Juan. La Delegación Diocesana de Misiones con la colaboración de profesores de religión, catequistas, sacerdotes, padres y madres de nuestras familias… hacen posible el milagro que supone este acontecimiento cada año y que obedece a la acción apostólica de unas personas que, en sus muy pocos años a veces, entienden que es «lo que está pasando» con la limpia mirada de su inocencia que viene de Dios, que mira el mundo desde ellos.

Todo parte de la propuesta que nos hace Obras Misionales Pontificias, la institución que tenemos en la Iglesia Católica extendida por toda la Tierra y que pone en manos del papa Francisco los recursos necesarios para la tarea de la evangelización en los lugares del planeta en los que no está extendido el Evangelio. Así nos lo dice el actual Director, el sacerdote Anastasio Gil Gacía: «La imagen del grano de mostaza propuesta por Jesucristo al referirse a la Iglesia bien puede aplicarse a Infancia Misionera. Nació como una iniciativa humilde, integrada por un grupo de niños a quienes se pedía sencillamente una Avemaría al día y una pequeña limosna al mes. Después de muchos años, ha crecido y se ha desarrollado hasta el punto de cobijar bajo sus ramas a millones de niños, procedentes de más de 130 países. Su finalidad es ofrecerles a ellos, los predilectos del Señor, algunos recursos para crecer y madurar como personas y como cristianos, a través de la labor educadora de sus padres, maestros y catequistas. Infancia Misionera no es un “verso suelto” en el contexto de la formación integral de los más pequeños, ni una “acción buena” para algunos grupos de niños. Va mucho más allá, porque se inserta armónicamente en el paulatino desarrollo de la iniciación de los niños a la fe y a la vida cristiana».

La trasmisión de la fe prende en los niños con una fuerza que sorprende a propios y a extraños, así lo vemos en las escenas evangélicas donde aparecen junto a Jesucristo en épocas de la historia en las que los niños no eran considerados como personas. Les vemos confesar su amistad con Jesucristo a prueba de la falta de fe de los familiares, e incluso de los malos ejemplos de sus mayores.

Este curso nos regalan su agradecimiento. Desde esta Jornada de la Infancia Misionera les vamos a invitar a dar gracias a Dios por «el don de la creación. Al contemplar la naturaleza, conviene promover entre los niños una corriente de gratitud y respeto por la belleza de tantas cosas que proceden de la bondad de Dios». También por «el don de la vida. Los bienes disponibles para la subsistencia, como la comida, la vivienda, la salud, el vestido, la convivencia, etc., son regalos concedidos por Dios a través de la bondad y generosidad de los demás». Los niños se sienten atraídos por «el don de la fe. Entre los dones recibidos destaca este, el cual nace de que alguien nos ha traído la buena noticia de que Dios es nuestro Padre». ¡Somos misioneros! Comienza una canción que gritan con todo entusiasmo. De ahí que la acción de gracias a Dios sea por «el don de ser “pequeños misioneros”. Los niños de Infancia Misionera descubren cada día que también ellos son protagonistas de esta corriente anunciadora de la bondad de Dios. Con su estilo de vida, su oración y generosidad, y sobre todo con su servicio a los demás, son como los misioneros que un día salieron de su tierra para estar muy cerca de los que más lo necesitan» (Palabras de Anastasio Gil García).

Aprendamos los mayores del entusiasmo misionero de nuestros chavales.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.