Apuntes al finalizar el Año de la Vida Consagrada

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas        Hace un año iniciábamos el año dedicado a la vida consagrada recordando unas palabras del papa Francisco dirigiéndose a los consagrados y consagradas: “Quisiera deciros una palabra, y la palabra es “alegría”. Siempre, donde hay consagrados, hay alegría: ésta es la belleza de la consagración”.

El primer apunte es que finaliza el año que hemos dedicado a descubrir, valorar y agradecer lo que significa la vida consagrada para la Iglesia y la sociedad, y que, gracias a Dios, las personas que han consagrado su vida continúan su labor.

El segundo apunte, a mi  entender, es que ha sido un motivo de renovación, de gozo y de agradecimiento hacia las mismas personas que han consagrado toda su vida. Les ha ayudado a vivir con más intensidad lo que son, lo que han vivido, y  a situar la problemática que viven congregaciones e institutos en relación a las vocaciones.

Al mismo tiempo, —por lo menos una parte del pueblo cristiano— hemos redescubierto y profundizado el sentido y la necesidad de la vida consagrada, tanto para la Iglesia como para el conjunto de la sociedad.

El tercer apunte. Con frecuencia escucho: “Aquí (se entiende en la institución, sea un hospital, residencia, escuela, barrio…) echamos en falta las religiosas, los frailes o los hermanos…”. Y es cierto que se les encuentra a faltar, por lo que hacen y por lo que comunican. Pero también es necesario valorar que son memoria permanente y pública de pobreza-austeridad, castidad, obediencia y vida en común.

– Pobreza–austeridad.

Porque la pobreza o austeridad, vivir sin posesión personal de bienes materiales, permite valorar aquello que es más importante, compartir, conformarse con lo necesario, ser libres como los pájaros del bosque y confiar enteramente en la providencia divina…

Es el contrapunto a convertir en dioses los bienes materiales, a conseguirlos por encima de todo sin tener en cuenta los medios.

Es bueno recordarlo, porque si las pequeñas o grandes prioridades no están al servicio de los demás, sino exclusivamente al nuestro, se convierten en propiedades injustas, como nos han recordado desde siempre los padres de la Iglesia.

Al mismo tiempo es una invitación a compartir.

 

–  Castidad.

Vivimos en una sociedad muy erotizada. La búsqueda del máximo placer sin criterio moral ni ético alguno, sin respeto a la propia dignidad personal o a la de otras personas, se convierte en un talante “normal”. Incluso el marketing comercial, para conseguir mayores ventas, no exalta les propiedades del producto, sino que “nos hace más deseables”.  Sin embargo, el compromiso de la virginidad y la castidad, vivir amando a Dios totalmente, ofreciéndole toda la capacidad de amar y confiando en que Él mismo —el Amor— saciará el deseo de plenitud del corazón humano, es un testimonio importante. Al mismo tiempo, muestra que amar sin sentido alguno de posesión nos hace ejercer la dimensión de maternidad y paternidad hacia los hijos de los demás, que sentiremos como propios, como hijos de Dios y hermanos nuestros…

Darlo todo sin esperar nada a cambio… Así se manifiesta el amor vivido desde la virginidad…

–   La obediencia.

Obedecer inteligentemente ayuda a descubrir mejor  lo que Dios y los demás esperan de ti, y que no descubrirías si no te ayudasen y te propusiesen. Eso no te hace menos libre, al contrario, sitúa tu libertad en relación a la libertad y necesidades de los demás.

–  La vida en común.

Mostrad que, sin escogeros, siendo diferentes, cada cual con su talante… la vida comunitaria es posible.

Gracias, pues, hombres y mujeres que habéis consagrado vuestra vida a Dios  y a los hermanos.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 424 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.