Los matrimonios heridos

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez       La Iglesia permanece cercana a los cónyuges cuya relación se ha debilitado tanto que están en situación de separación. En el caso en el que se consuma un doloroso final de la relación, la Iglesia siente el deber de acompañar este momento de sufrimiento, de modo que no haya conflictos penosos entre los cónyuges. Particular atención debe ser prestada sobre todo a los hijos, que son las primeras víctimas de la separación (…) Las parejas deben ser informadas de la posibilidad de recurrir al proceso de declaración de la nulidad del matrimonio” (Proposiciones Sinodales, 53).

El Papa publicará una Exhortación Apostólica teniendo en cuenta esta sugerencia y las otras 93 que los padres sinodales le han presentado como fruto de sus reflexiones. Se contempla acompañar a los matrimonios heridos. La convivencia a veces se hace tan dolorosa que resulta imposible. Se constata que cada vez son más frecuentes las separaciones. El Papa dice que pueden ser “inevitables” y “a veces moralmente necesarias” porque “todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos” (Papa Francisco, Audiencia General, 24-Junio-15)

Aquí no se trata de analizar las causas, sino que, con todo el amor del mundo, se quiere ayudar a superar los problemas con las mejores soluciones para el bien de los cónyuges y de los hijos. Además en estas situaciones queda herido también el entorno de familiares, parientes, amigos, compañeros de trabajo, la parroquia y la sociedad entera. Muchas personas se ven involucradas y por lo tanto muchos pueden y deben intervenir, siempre ayudando. Es doloroso que aquella promesa del día de la boda de hacer una comunión de vida y amor, siendo una sola carne, se rompa.

¿Qué podemos hacer? Ante todo ayudar a prevenir de forma remota e inmediata y advertir, con discernimiento, que hay un pecado grave que ofende la dignidad del matrimonio y éste es el adulterio. “El adulterio es una injusticia. El que lo comete falta a sus compromisos. Lesiona el signo de la Alianza que es el vínculo matrimonial. Quebranta el derecho del otro cónyuge y atenta contra la institución del matrimonio, violando el contrato que le da origen. Compromete el bien de la generación humana y de los hijos, que necesitan la unión estable de los padres” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2381). De ahí que se ha de advertir que conviene huir de las grandes tentaciones que pretenden destruir el matrimonio.

La Iglesia, que es madre y está formada por todos los fieles, hace suyas las alegrías y las esperanzas de las familias. Por eso alienta, sostiene, está al lado y mantiene una escucha solícita, respetuosa, delicada y silenciosa de los conflictos familiares. Dice la propuesta 82 del Sínodo sobre el Matrimonio y la Familia: “Para tantos fieles que han vivido una experiencia matrimonial infeliz, la verificación de la invalidación del matrimonio representa un camino que se puede recorrer. Los recientes motu propio: Mitis judex Dominus Jesus (El Señor Jesús juez compasivo) y Mitis et misericors Jesús (Jesús compasivo y misericordioso) han llevado a una simplificación de los procedimientos para una eventual declaración de nulidad matrimonial (=que no hubo matrimonio desde el principio) (…) Será, por tanto, necesario poner a disposición de las personas separadas o de los matrimonios en crisis un servicio de información, de consejo y de mediación, vinculado en la pastoral familiar”.

La Iglesia conoce las dificultades de las familias y las observa con la mirada de Jesucristo, afrontándolas con buen ánimo. Pide a los cristianos que ante los dolorosos fracasos matrimoniales los miren con misericordia, comprensión y rezando por ellos. Que den gracias a Dios por las extraordinarias y numerosísimas familias cristianas, que son bendecidas con la paz y la felicidad, para que permanezcan unidas en el amor. Y que oren con esperanza y misericordia por las familias heridas y frágiles.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).