Fr. Jesús Díaz Sariego: "Predicar alude no al hecho de pronunciar un sermón, sino a lo previo a él. Y lo previo es alabar y bendecir"

Fray Jesús Díaz Sariego 01Fr. Jesús Díaz Sariego es el Prior Provincial de la nueva Provincia dominica de Hispania desde el pasado 3 de enero. Este año la Orden de los Dominicos está de enhorabuena por que celebran un año jubilar para conmemorar los 800 años desde su fundación y como «celebrar es algo importante» en palabras del entrevistado, hablamos con él de este año, de la Orden su reestructuración y de cómo se alaba, bendice y predica en el siglo XXI.

P. El 1 de enero de 2016 fue una fecha histórica para la Orden de los Dominicos, ya que nace la Provincia de Hispania del que usted es Prior provincial. ¿Por qué se crea está provincia?¿Surge de alguna necesidad en concreto?

R. La institución de una provincia nueva a partir de otras existentes en el mismo país es un fenómeno que viene produciéndose en la vida consagrada en España y en otros países europeos. En la base está la carencia de recursos humanos, debido al descenso de las vocaciones, para poder estar en las presencias que tenemos y ocuparnos de las muchas y diversas misiones a las que nos dedicamos.  En nuestro caso son tres provincias que se extendían por España las que se unen. Viejas provincias, la llamada de “España”, fundada en 1219, que comprendía la entonces España cristiana; la de Aragón que surge al inicio del siglo XIV y abarcaba el antiguo Reino de Aragón;, y la de Andalucía que surge tras la incorporación de esos territorios a la Corona española y abarca también las Islas Canarias. Las provincias pasaron por la crisis de la desamortización en 1835 que supuso la desaparición de todos sus conventos. A partir de 1860 empezó la restauración de las provincia en un lento proceso, primera una, luego dos provincias, más tarde las tres. Estamos, pues ante una situación que nos habla de cómo de una provincia surgen otras, no es nuevo que hubiera solo una provincia.

La provincia que surge de las tres no es, sin embargo, una simple suma de ellas, sino que implica una reestructuración de las presencias y misión de la Orden en España, con un nuevo impulso, bajo el fortalecimiento y renovación del carisma de la Orden. No se trata sólo de reducir presencias y misiones, sino de estar de un modo distinto y más centrados en lo que es más propio de nuestro carisma y llevarlo a cabo con nuevo ardor. Se trata de reestructurar y también de reorientar jerarquizando presencias y misiones, desde una reflexión en la que se junta la intención fundacional de hace ochocientos años de Santo Domingo de Guzmán con la exigencias de la evangelización en este momento.

La unión de las provincias implica también que la provincia se haga cargo, integre las presencias que cada provincia tenía fuera de España, en América Latina, más una casa en Guinea Ecuatorial. Estas presencias tienen un carácter prioritario en el proyecto de la nueva provincia, y responden a esa característica misionera que ha tenido siempre la Orden en España.

«Nuestra predicación ofrece lo positivo, lo bueno, lo esperanzador que existe más allá de lo negativo que experimentamos en nosotros y en los demás»

P. ¿Laudare, benedicere, praedicare(‘alabar, bendecir y predicar’), que significado tienen estos tres pilares de la Orden?

R. Esta divisa se aplicó a la Orden desde sus primeros tiempos, como se ve en la obra del español fray Pedro Ferrand (+1254-1258) en su «Leyenda» de Santo Domingo. La Orden es de “Predicadores”. Predicar, es pues nuestra misión. Ya sé que “predicar” no es un palabra con buena resonancia en el lenguaje popular, por eso de que “una cosa es predicar y otra dar trigo”; o “predícame cura, predícame fraile que por un oído me entra y otro me sale”.

Tampoco es frecuente en el lenguaje eclesiástico de hoy, que habla más de evangelizar, de misión, de testimonio, de ministerio de la palabra, de compromiso… Sin embargo insistimos en ser frailes predicadores. Predicar es algo como decir antes, alude no al hecho de pronunciar un sermón, sino a lo previo a él. Y lo previo es alabar y bendecir. Alabar es fijar la mirada en lo bueno, en lo bello, en lo agradable que existe en nuestra vida y de ahí mirar a quien está en su origen, Dios.  En lo hondo del ser está el bien y la belleza, es necesario tener una mirada honda que lo descubra.

Benedicto XVI lo enseñaba hace poco: si ahondamos en el ser llegamos al bien. La oración-escucha de Dios-, el estudio de lo que Dios nos ha revelado, lo que ojos claros, mirada limpia, ven en la vida humana nos agrada, hace que surja la alabanza. Su manifestación es la celebración litúrgica que pertenece a la esencia del dominico. Bendecir es decir bien. Está en la línea de la alabanza. Es también referir lo que existe al origen, a Dios, poner de parte de Dios lo que se bendice, a quien se bendice. Hace alusión, además, al carácter clerical de nuestra Orden. Desde esa actitud previa se predica, se enseña, se catequiza, se evangeliza. Nuestra predicación ofrece lo positivo, lo bueno, lo esperanzador que existe más allá de lo negativo que experimentamos en nosotros y en los demás. Estamos llamados a la bondad y la belleza. Predicar es, sin negar la realidad, trascenderla y ofrecer lo que la fundamenta.

P. ¿Cómo se “alaba, bendice y predica” en el horizonte presente del siglo XXI?

R. Lema de la Orden es también “Veritas”, la verdad. Pues bien, en nuestro siglo, el  de la postmodernidad, el del pensamiento frágil, la noticia como expresión de lo epidérmico, la imagen como símbolo de la apariencia, con todo lo que tiene de circunstancial, momentáneo…, el dominico quiere ver la verdad en lo hondo y consistente, en lo bien fundamentado, tras un proceso paciente y lento, en el estudio, la oración. Desde la actitud humilde del que siempre es buscador, peregrino de la verdad, no dueño de ella. Pues bien, como indiqué, la alabanza, la bendición, se basa en lo hondo, que luego se predica. Hoy es necesario enfrentarse a ese pensar débil, a quedarse en la apariencia, a no sobrepasar la imagen para llegar a la idea. De lo contrario nuestra condición humana quedará en mínimos, no tendrá conciencia de su grandeza, de ser una condición asumida por el mismo Dios en Jesús de Nazaret. Y nos olvidaremos del hombre, que aflora en el pobre, el sencillo y nos quedaremos en la superficie humana con sus apariencias que se manifiestan en el poder, el tener y el placer,- no en la felicidad-.  Hoy es necesario predicar cómo Dios ha bendecido al ser humano para alabarle y agradecerle y valorar nuestra condición.

«La Orden no es solo de “Frailes predicadores”, sino de monjas, fundadas por Santo Domingo antes que los frailes; de laicos que surgieron poco después de los frailes, y de las numerosas Institutos de religiosas que están asociadas a la orden»

P. ¿Cuál es la realidad actual de la Orden? ¿Surgen nuevas vocaciones?Y en concreto… ¿la realidad de la provincia Hispania?

R. Somos unos quinientos frailes repartidos en España, república Dominicana, Cuba, Perú, Venezuela, Paraguay, Uruguay, Argentina, Guinea Ecuatorial, además de los que en Roma prestan diversos servicios  en la Curia Generalicia. Es cierto que somos frailes con una carga importante de años. Siempre ha habido, sin embargo, cada año alguna vocación; pero son más los que entregan su vida. Tenemos entre manos misiones muy diversas: de carácter académico como facultades de Teología, escuelas de Teología,  colegios de enseñanza y mayores, parroquias, santuarios, instituciones comprometidas con los más débiles y necesitados, misiones en la Selva amazónica y en barrios periféricos de América, parroquias en España y en los demás países. Mantenemos el ministerio de la palabra de diversa manera: en la reflexión espiritual, en la religiosidad popular, en conferencias, en publicaciones de libros y revistas bien de divulgación, bien de investigación. Trabajamos de un modo profesional alto a través de los nuevos medios de comunicación, con nuestro servidor de Internet, en una página que además de información es medio de ejercer en su amplitud nuestra condición de predicadores…

Es necesario destacar que la Orden no es solo de “Frailes predicadores”, sino de monjas, fundadas por Santo Domingo antes que los frailes; de laicos que surgieron poco después de los frailes, y de las numerosas Institutos de religiosas que está asociadas a la orden y llevan el nombre de dominicas. La Orden es Familia Dominica. Esa realidad familiar es cada día más necesaria, por lo que implica que la monja desde su convento, las religiosas dominicas en su actividad evangelizadora, las fraternidades de laicos inmersas en el mundo, el Movimiento Juvenil Dominicano, se unan, desde el afecto mutuo, en proyectos comunes evangelizadores, como predicadores y predicadoras.

P. Celebran durante este año 2016 un año jubilar con el tema «Enviados a predicar el Evangelio» que celebrará los 800 años de la fundación de la Orden ¿Qué retos y esperanzas presenta este año?

R. El primer reto y la primera esperanza es la institución de la nueva provincia Hispania y con él la celebración del primer capítulo de dicha provincia que tiene lugar en Caleruega, lugar del nacimiento de Santo Domingo de Guzmán. En ese capítulo se hicieron presentes, el arzobispo de Burgos, D. Fidel Herraez,  el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Ricardo Blázquez, así como el Maestro de la Orden, Fray Bruno Cadoré. Las celebraciones se inauguraron en Madrid con unas vísperas presididas por Mons. Carlos Osoro.

Celebrar es algo importante. La celebración pertenece a la vida humana. Implica hacer memoria y en nuestro caso actualizar y agradecer la intención fundacional de Santo Domingo. Además de estas iniciales celebraciones que de un modo u otro se realizaron donde estaban presentes los dominicos o las monjas dominicas y, en general la Familia Dominicana;  se ha confeccionado un amplio programa de actividades que implican congresos sobre la universidad en Europa, el “Proceso de Salamanca”   denominación del compromiso con los excluidos, en alusión a la obra de los dominicos de Salamanca y la defensa del derecho de los indios en el siglo XVI; exposición itinerante que muestra el encuentro de la fe con el arte contemporáneo, un gesto a favor de los necesitados que será un “Observatorio de los derechos humanos”…

(Lourdes Artola – Agencia SIC)

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