San Sebastián y los votos del pueblo para ser liberados de las pestes

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas        La pasada semana participé en la celebración del voto del pueblo de Riudaura. También, como en años anteriores, asistí a la acogida del Padre Peregrino de Tossa en la iglesia de san Sebastián de Santa Coloma de Farners, así como en su llegada a Tossa junto con todos los peregrinos. Ambas celebraciones tienen lugar el día de la fiesta del mártir san Sebastián. Otros años fui también testigo de la renovación del voto del pueblo en Selva de Mar, Sant Pere Pescador… porque en nuestro Obispado tenemos dieciocho ermitas o iglesias bajo el patronazgo del santo. Son muchas las localidades que conservan dicho compromiso.

Puede que la renovación del voto más significativa e impresionante sea la que vive el pueblo de Tossa de Mar con el peregrinaje a Santa Coloma, a su ermita de san Sebastián, y el regreso a Tossa  donde los vecinos reciben y acogen a los participantes, siempre presididos por el Padre Peregrino, a quien acompañan un millar de personas que igualmente han hecho el recorrido a pie.

¿Quién era san Sebastián? Sebastián, joven soldado de Milán, ayudaba gracias a su oficio a los cristianos detenidos y martirizados durante la persecución del emperador Diocleciano. Él mismo dio su vida con fortaleza y valentía. Se le representa con el cuerpo traspasado por flechas. Es el patrón de quienes estaban en peligro por la peste y de quienes la padecían.

Por ello, en épocas de pestes, muchos pueblos hicieron voto a san Sebastián, para recordarlo y renovarlo si quedaban libres de la enfermedad.

¿Qué puede significar en el día de hoy para nosotros el hecho de cumplir y renovar el voto de pueblos y villas, un compromiso de hace siglos?

La convicción que la vida cristiana es fuente de salud, y que sana una vida enfermiza.

El voto del pueblo me ha permitido recordar y valorar la misión curativa que ha de tener la vida según el Evangelio.

Hemos atendido los mandamientos de Jesús “id y enseñad”, “id y bautizad”, pero puede que hayamos olvidado la misión confiada a sus discípulos: “Id i sanad”.

La fe tiene mucho que ver con la salud de las personas y de los pueblos. No se trata de sustituir a la ciencia médica. No se trata de utilizar la fe a modo de pastilla o medicamento. Es cuestión de descubrir que la vida cristiana nos hace vivir de forma saludable las diversas situaciones de enfermedad, de debilidad. Justamente es lo que significa el término latino infirmitas: “falta de firmeza”.

Una experiencia de relación positiva con Dios, con el Dios de Jesús, que se manifiesta en el hecho de sentirse amado y acogido, con paz interior fruto del perdón, con respeto, compasión, sentido para la vida, mirada positiva hacia el mundo y a las personas… es fundamento y principio de una vida sana y saludable.

Se trata de unificar la vida desde el amor que se ha recibido y ofrecido. Porque el amor tiene fuerza terapéutica: sana y salva. Renovar el voto puede significar tomarse en serio que la vida cristiana es fuente de salud.

Al mismo tiempo, me ha hecho pensar en algunas “pestes o enfermedades” actuales que se contagian fácilmente.

– El dinero como único objetivo en la vida. El afán de poder y protagonismo…

–  La violencia como medio para solucionar los problemas.

–  El placer sin respetar la propia dignidad y la de las demás personas. El máximo beneficio y el mínimo coste prescindiendo de la ética y la moral.

– Estar cansados, dado que el peso de la vida nos ha agotado y hemos luchado mucho.

No sentir gusto por nada. La tristeza y el mal humor  envuelven nuestro corazón, no dejándonos descubrir ni vivir la cara positiva de la existencia.

Que los “votos del pueblo” expresen el deseo de ser liberados de éstas y otras enfermedades.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 424 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.