El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

yanguas_cuencaMons. José Mª Yanguas     Queridos diocesanos:

Cuando el evangelista san Mateo presenta la escena, en la que los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar se someterán al juicio soberano de Jesucristo, presidido por la verdad, la justicia y la misericordia, el criterio que guiará su dictamen final sobre las vidas humanas resuena con una claridad que elimina cualquier posible equívoco: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros… Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed…, fui forastero y me hospedasteis…” (Mt, 25, 34 y ss).

El domingo 17 de enero celebra la Iglesia la Jornada mundial del Emigrante y del Refugiado. En el presente año, la Jornada se celebra en el horizonte del Año de la Misericordia convocado por el Papa Francisco. En ella la Iglesia quiere poner ante nuestros ojos la realidad de las personas que se ven obligadas a dejar la propia tierra y a buscar refugio, cobijo, ayuda, en otros lugares. Desea la Iglesia que nos hagamos cargo de su dramática actualidad. Pero  quiere, sobre todo, que miremos esta realidad con ojos de fe, que son ojos de misericordia, superando cualquier asomo de indiferencia y toda visión, conformista al fin, que pretenda refugiarse en el carácter inevitable de los fenómenos a los que los medios de comunicación nos permiten asistir casi en tiempo real.

El Papa Francisco viene insistiendo con fuerza y preocupación sobre el fenómeno de la emigración y de los refugiados. Por otro lado, con frecuencia nos hemos sentidos conmovidos, cuando no horrorizados, al ver las imágenes que nos ofrecía la TV. Son fenómenos humanos que interpelan nuestra conciencia, que la golpean, sacándola de la indiferencia que lleva a habituarse al dolor ajeno y a autodisculparse, arguyendo que nada podemos hacer.

¡Sí que se puede hacer! Es más, sí que debemos hacer, porque así lo pide la misericordia, las entrañas de misericordia de las que el cristiano debe estar revestido, siguiendo la exhortación de San Pablo a los de Colosas (3, 12). Entrañas de misericordia: lo más íntimo y profundo del hombre debe ser lugar donde habite la misericordia, porque se trata, en efecto, de ser misericordioso, como lo es el Padre celestial (cf. Lc 6, 36).

La misericordia nos pide no asistir como fríos espectadores al drama de cientos de miles de personas. Nos pide avivar la conciencia de que se trata de hombres y mujeres hermanos nuestros, hijos de Dios, dotados de una dignidad inalienable, que buscan mejores condiciones de vida, lejos de la pobreza, de la explotación, de la guerra, de la violencia en sus formas más variadas. Emigrantes y refugiados nos interpelan como personas, como sociedad, como Iglesia. La misericordia nos lleva a fortalecer nuestra solidaridad “como exigencia de respuesta al amor gratuito” y a cultivar “la cultura del encuentro”,  como dice el Papa, cuidando unas buenas  relaciones personales y superando prejuicios y miedos. La misericordia nos lleva a no contemplar el problema sólo en términos económicos o de regularidad-irregularidad; sino a mirarlo sobre todo desde el punto de vista de la dignidad de las personas. Es cierto que el fenómeno de los emigrantes y refugiados encierra problemas que no pueden pasarse por alto y que toca resolver a las autoridades de cada país; pero las posibles soluciones, si quieren serlo de verdad, deberán encontrarse dentro de este marco “humano” más general . En él no puede faltar la consideración de la ayuda que se debe prestar a los países de origen de la emigración, la necesaria cooperación con los países más pobres, la distribución más justa de los bienes de la tierra. Recordemos para terminar una verdad sencilla y exigente que debe guiar como luz segura nuestros comportamientos y actitudes: “Acoger al otro es acoger a Dios en persona”.

+ José Mª Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).