«Destinados a proclamar las grandezas del Señor»

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasión. (1Pedro 2, 9 – 10).

Comenzamos así, escuchando esta Palabra de Dios, el Octavario de la Unidad de los cristianos, y es claro el contraste con la realidad que vemos plasmada en múltiples Iglesias y confesiones que tenemos el mismo apellido de cristianas. Grupos y grupos humanos extendidas por todas las naciones que venimos de una muy larga tradición histórica, más que secular, si hablamos de la separación romano – bizantina.

Cincuenta años atrás en el Concilio Vaticano II, en la Iglesia Católica, se dio un paso de gigante reflejado en el Decreto Conciliar Unitatis redintegratio al decir con toda contundencia: «Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo. Los discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo» (UR 1).

Según esto, los católicos no estaríamos autorizados moralmente para hablar de unidad a las muchas divisiones y enfrentamientos que vemos se dan en nuestro entorno patrio, social y familiar. Sin embargo y precisamente por el dolor que sentimos al vernos así, abiertas las grietas que desfiguran el rostro de Jesucristo que mostramos, nos damos cuenta de la importancia que tiene la unidad para la Humanidad, para nuestra Europa, para nuestra patria que es España, para el entendimiento siempre posible de los grupos sociales: partidos políticos, sindicatos y el largo etcétera de la vida humana.

Hemos de rezar siempre los que nos sabemos «destinados a proclamar las grandezas del Señor» y que Dios expresa en su humanidad, la suya que es el mismo Jesucristo, Dios y hombre verdadero y su humanidad, la que formamos los humanos de ayer, de hoy y de mañana que Dios ama hasta el punto de entregar su Hijo a la muerte por nosotros. ¡A muerte!, decimos vulgarmente cuando alguien se entrega a alguna causa con radicalidad y empeño. Pues hemos de rezar para que Dios nos conceda entregar así, los cristianos, nuestra vida por la unidad. Cómo nos alegramos de que sean posibles acuerdos en favor del bien común en las pequeñas o grandes decisiones de las autoridades de todo tipo olvidando posiciones encontradas por diferentes intereses ideológicos o prácticos. Cómo nos impactan los gestos de los Papas que estamos conociendo unidos en la oración a todos los líderes religiosos.

Recemos por la unidad. Hemos sido «destinados a proclamar las grandezas del Señor» y la gloria de Dios es la gloria del hombre, las grandezas de Dios, por su voluntad, son para el ser humano.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.