“Misericordia es dar la vida”

Mons. Rafael ZornozaMons. Rafael Zornoza     “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por los amigos” (Jn 15,13). Así lo hizo Jesús muriendo por nosotros, así descubrimos su mayor misericordia.

Quien se sabe amado y quiere corresponder a quien ama, le entrega su vida. “Obras son amores y no buenas razones”, dice el refrán.  ¿Hasta dónde? ¿Cómo? La medida del amor es amar sin medida. La amistad es gratuidad, amor que no pide nada a cambio, amor total.

El amor infinito de Dios, cuando entra en el mundo, deja su rastro que es una entrega sin límite. “Jesús vivió su pasión y muerte, consciente del gran misterio del amor de Dios que se habría de cumplir en la cruz” (Misericordiae Vultus 7). “Como se puede notar, la misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros” (id. 8). Así se explica que el amor excesivo de Dios provoca en los que le aman el darse sin cálculos, sin previsiones, sin buscar la paga. Este es el amor cristiano. Solamente así se comprende la comunicación cristiana de bienes -como vemos en Cáritas y en tantas asociaciones que favorecen a los pobres-, en ejemplos particulares que resultan ser normales entre nosotros. Más aún, esta es la única explicación de los millares y millares de hombres y mujeres que se consagran a Dios dejando sus posesiones, sus familias y proyectos y se ponen al servicio de los más pobres del mundo; pero también explica la fidelidad de los matrimonios, los que sufren persecución, etc.

Sucede que el cristiano comprende que la entrega del Hijo de Dios por amor es el único culto razonable posible. Jesús ha inaugurado una nueva relación con Dios que deja atrás los sacrificios animales, porque lo que Dios quiere y consigue es la religión del amor, una entrega de corazón y por amor que es culto auténtico, el único valioso ante Dios.

Toda la vida es sagrada. Ha sido santificada porque ha sido sacrificada, pues el amor del Señor lo hace todo sagrado (etimológicamente es “sacrum-fácere”), en cuanto que se ha ofrecido en sacrificio. Así también nuestra vida ofrecida en oblación es perfecta donación, es servicio y la mayor misericordia, de inmenso valor para Dios y útil para el prójimo. Así lo demostró el diácono San Esteban, el primer mártir que nos recuerda, inmediatamente después de celebrar el Nacimiento de Jesús, que la vida sin Él no tiene sentido y que se puede perder todo en esta vida menos su vida, pues es vivir para siempre, es gloria eterna para el hombre.

Los mártires son siempre el ejemplo del amor mayor, testigos inacabables de la misericordia infinita de Dios en el mundo. También los niños mártires inocentes masacrados por la primera de las persecuciones contra Jesús nos recuerdan la permanente batalla entre Dios y el maligno, la luz y las tinieblas; que “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. Pero la palma del martirio que abre paso a Jesús a su entrada en Jerusalén entre Hosannas es el símbolo de la victoria de la resurrección y del triunfo de cuantos son fieles a Cristo a lo largo de la historia, nuestros mejores hermanos, los auténticos testigos, los amantes más desprendidos, los más misericordiosos.

“Este es el día del Señor, es el tiempo de la misericordia” (Sal 123). Este tiempo es hoy, pues cada día actúa Dios y hoy debemos entregarle la vida. No nos faltan oportunidades para ser sus testigos y mostrar a todos su amor, su infinita misericordia. Dejémonos, pues, empapar por el agua y la sangre vivificante que brota del Corazón de nuestro Redentor, Jesucristo, el Rey de la Gloria en el sacramento del Bautismo y de la Eucaristía. Sí, las compuertas han sido abiertas para todos los hombres, para cada hombre y para el conjunto de la creación. Recuerda que hicimos profesión de fe renunciando al pecado y a las obras del maligno para ser testigos del la verdad y el amor que no pasa, proclamando que vale la pena amar hasta entregar la vida. Somos testigos de la Verdad, que es Amor Infinito. Nuestro tesoro es la misericordia y estamos a su servicio. “Si no tengo amor no soy nada” (Cf. 1Cor 13).

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

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Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.