Jesús: Puerta de misericordia

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella              Mirando desde el Tibidabo la ciudad de Barcelona, he observado una gran urbe y he pensado que el corazón de las personas que la habitan se puede ganar con el mismo amor que en cualquier rincón del planeta. Bajando a la ciudad he pensado que estamos en el Año de la Misericordia, que es precisamente un año único para poner a prueba nuestra estima, que se manifiesta en lo más tierno que tenemos los hombres y las mujeres en nuestro interior, como es el amor, la comprensión, el perdón y la capacidad de volver a empezar.

En mi camino de regreso a casa, cerca de la Catedral, me han preguntado dónde está la Puerta de la Misericordia en este Jubileo al que hemos sido llamados por el papa Francisco. Me ha parecido que lo que debía responder no es sólo dónde está el portalón que da acceso al templo, sino que el hecho de cruzarlo es dar un paso más allá… Debemos cruzar la puerta del amor que representa el Señor.

En el Antiguo Testamento, la primera manifestación de Dios al pueblo de Israel se revela a Moisés diciendo: “Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad” (Ex 34,6). La misericordia es el primer atributo de Dios, seguido inmediatamente de la compasión. Es un Dios que se nos presenta desde la benevolencia, desde el amor y la ternura que muestra siempre el don gratuito, puesto que éste se expresa queriendo visceralmente, dándolo todo, ofreciéndolo todo, sin esperar nada a cambio. A lo largo del Antiguo Testamento hallamos muchas expresiones de la misericordia de Dios: en la compasión por todas las criaturas, en la acogida de quien ha pecado, proclamando que el amor misericordioso de Dios es para siempre. Por eso, la benevolencia de Dios se nos presenta, se nos hace cercana y nos ilumina a través de Jesús y su Evangelio, “porque Él es la puerta que nos conduce hacia el Padre”. A través de los relatos de san Lucas, la misericordia de Dios se hace misericordia humana en Jesús. Esto es lo que distingue a los cristianos en su forma de entender a los hombres como prójimos y como hermanos. Por eso el Evangelio nos dice: “Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6,36).

Lo que hay que traspasar en el año de la misericordia es la puerta del Cristo que nos lleva a Dios Padre. Y la Puerta Santa tiene que ser ese signo que, una vez traspasado, haga que nuestro corazón vaya de lo humano a lo divino, recordando la cita de Gregorio de Niza en su tratado de las bienaventuranzas: “Si el nombre de misericordioso se atribuye a Dios, ¿a qué te invita Jesús cuando te pide que seas misericordioso si no es a ser Dios?” “[…] Si, efectivamente, la escritura proclama a Dios misericordioso y la verdadera beatitud es Dios en sí mismo, es evidente que el hombre que se hace misericordioso se convierte en Dios”.

Desde la ciudad he mirado el Tibidabo y he vuelto a pensar que los corazones de los hombres y las mujeres deberían estar abiertos a esta misericordia que nos hace cruzar la puerta de los corazones de nuestros hermanos vecinos, la puerta de la Catedral como signo, la Puerta de Cristo como transformación de nuestra vida.

+ Juan José Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.