“Emigrantes y refugiados nos interpelan”

jesus_murguiMons. Jesús Murgui          En este Año de la Misericordia, la Iglesia, por medio del papa Francisco, nos convoca a la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y el Refugiado el día 17 de enero, con el lema “Emigrantes y refugiados nos interpelan”. La respuesta está en el Evangelio de la Misericordia.

Acabamos de celebrar hace pocos días la Navidad, celebración de la presencia de Dios hecho hombre en medio de nosotros, nacido en Belén y anunciado por los ángeles, pobre entre los pobres, perseguido por los poderes de su tiempo, refugiado por ese motivo en Egipto con su familia, reconocido y mostrado por unos Magos de Oriente que peregrinaron hasta su presencia y que fue de nuevo caminante desde Egipto a Nazaret.

Las migraciones humanas en nuestro mundo no son sólo un fenómeno propio de nuestro siglo; desde que se reconoce la humanidad ha habido migraciones, movilidad humana en nuestro planeta. Así Abraham migró desde Ur de los caldeos a la tierra que el Señor le dio, el pueblo de Israel en José por razones económicas bajó a Egipto, que Moisés después liberó y llevó de nuevo a la Tierra Prometida, sufrió destierro en Babilonia y otra vez, por decreto de Ciro, volvió a su tierra, quedando muchos de ellos, para siempre, en tierras lejanas.

En nuestra Diócesis, aunque haya disminuido un poco la presencia de extranjeros durante este año pasado, continúan llegando personas de muy variada procedencia, llevando muchas a sus espaldas el peso de tener que superar condiciones infrahumanas de ellas y sus familias. Una de cada cinco personas, aquí en nuestra tierra, es de origen migrante.

Una nota importante de las actuales migraciones que nos interpela a todo el mundo y a nuestra Iglesia Diocesana nos la presenta el papa Francisco en su carta anual, en la que nos dice: “los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Os llamo hermanas y hermanos a vivir la misericordia del Padre con estos hermanos nuestros tanto personalmente, como en todos los ámbitos de la acción pastoral de nuestra Iglesia:

A tomar conciencia de la dignidad humana de toda persona “creada a imagen y semejanza de Dios”.

A respetar todo credo, religión, particularidad, cultura de cada uno de ellos. Ayudándoles a que también ellos, desde el respeto, se integren y aporten.

A apoyar los movimientos y asociaciones, que como nuestro Secretariado Diocesano, se dedican a la acogida, acompañamiento en la integración, y en la defensa de esas personas.

A favorecer su presencia activa en nuestras comunidades cristianas para que éstas se puedan enriquecer con la fe de los bautizados venidos de otras tierras.

A ponernos a los pies de nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados para ofrecerles el Evangelio de la Misericordia del Padre.

A sentarnos con ellos para descubrir cómo el Padre nos mira a través de sus personas con ojos de Misericordia.

Queridos hermanos y hermanas migrantes que tanto tiempo lleváis formando parte de nuestra convivencia y que tanto habéis aportado a nuestra sociedad e Iglesia local de OrihuelaAlicante. Pido en este año de la Misericordia que Dios siga ensanchando vuestros corazones y nuestros corazones para que seamos capaces de acogernos mutuamente, abriéndonos, desde la aceptación e integración, a la fraternidad que desea Dios, nuestro Padre.

Con mi afecto y bendición para todos,

+  Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 150 Articles
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.