Destinados a proclamar las grandezas del Señor

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano        Este año la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se enmarca dentro del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El Papa Francisco nos anima a descubrir en este Jubileo la fuerza que la misericordia tiene para poder dejar atrás prejuicios e incomprensiones en nuestra relación con otras religiones (cfr. Misericordiae Vultus  nº 23) y, de un modo particular, con las otras confesiones cristianas.

El objetivo con el que se instaura en su momento esta Semana de Oración es intentar hacer realidad el deseo del Señor  expresado en su oración a Dios Padre en la última cena: «que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea» (Jn 17, 21). Desde hace más de un siglo, se comenzó con esta andadura a la que se adhieren la mayoría de las denominaciones cristianas con una manifiesta intención: orar juntos por la plena unidad visible de la Iglesia de Cristo.

El lema de este año, 2016, ha sido elegido para todos por el grupo ecuménico de Letonia. Es el siguiente: «Destinados a proclamar las grandezas del Señor». La idea fundamental que se quiere transmitir es que todos los bautizados, aunque formen parte de diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, comparten la misma vocación de proclamar las grandezas del Señor. “Inspirándonos pues en esta propuesta que se nos hace este año desde Letonia, nos uniremos a los cristianos de todo el mundo durante la Semana de Oración, descubriendo nuestro sacerdocio común que se fundamenta en el bautismo, que se administra válidamente en las distintas Iglesias y comunidades eclesiales y que nos capacita para dar testimonio de las «grandezas», las maravillas que hace el Señor en nuestras vidas y en las de los demás”. (Mensaje de los Obispo de la Comisión de relaciones Interconfesionales, Enero 2016).

La realidad de nuestra diócesis, tanto en la ciudad como en los pueblos, nos mueve a descubrir y valorar la presencia de otras religiones, como el Islam, y de otras confesiones cristianas que profesan tanto ciudadanos españoles como extranjeros, que residen de forma estable entre nosotros. Pienso, de un modo singular, en la comunidad de ciudadanos rumanos que en su mayoría pertenecen a la Iglesia Ortodoxa de Rumanía y cuyo Arzobispo, con sede en Madrid, nos visitó el pasado año con motivo de esta Semana de Oración por la Unidad.

Cuando vamos más allá de las fronteras diocesanas, nos damos cuenta, especialmente en Europa,  “de la importancia que tiene el diálogo interreligioso para luchar juntos contra un laicismo beligerante que pretende excluir a Dios y a la religión del espacio público. También es cada vez más evidente la necesidad de ese diálogo para aislar al fanatismo nihilista que nada tiene que ver con una vivencia auténtica de la religión, y para construir un futuro de paz verdadera y estable. La reciente escalada del terrorismo, la tensión creciente en el ámbito internacional, los movimientos migratorios de personas que huyen de la guerra y de la miseria buscando un futuro mejor para ellos y sus hijos, son otros tantos factores que nos empujan a intentar comprender mejor el mundo en el que vivimos en toda su complejidad religiosa, social y cultural”. (Mensaje de los Obispo de la Comisión de relaciones Interconfesionales, Enero 2016).

El diálogo interreligioso (entre distintas religiones) y el ecuménico (entre confesiones cristianas), puede aportar mucha luz en la construcción de nuestra sociedad que en muchas ocasiones intenta organizarse excluyendo a Dios en su horizonte. Sabemos que la ausencia de Dios, termina siempre afectando a la dignidad misma de la persona. Esta apertura al diálogo desde la misericordia, como nos invita el Papa Francisco, no es tan solo una reflexión teórica que traemos ahora a colación por que toca hablar  de unidad entre los cristianos. No, debe ir mucho más allá. Debe surgir de una convicción profunda en el corazón de los católicos que nos mueva a compartir con sinceridad con otros creyentes el anhelo que hay en el corazón de toda persona de encontrarse con Dios y de saber presentarlo a la sociedad de hoy, proclamando juntos las grandezas del Señor.

Os invito pues a vivir con intensidad esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.

 + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
Acerca de Mons. Carlos Escribano Subías 210 Articles
Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.