Francisco Maya Maya: “La misericordia no es un sentimiento pasajero, es una actitud permanente”

Plasencia Franciso Maya MayaLa publicación quincenal de la diócesis de Plasenica ha entrevistado a Francisco Maya Maya, Vicario Episcopal y Profesor de Pastoral en la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

¿Qué es para usted la Misericordia?

La misericordia no es un sentimiento pasajero, es una actitud permanente. No debe confundirse la misericordia con la lástima. La persona misericordiosa es aquella que se deja afectar por el sufrimiento del otro y actúa solidariamente. Dios, con sus entra- ñas maternas de misericordia, es quien nos invita constantemente a ser “guardianes de nuestros hermanos”, saliendo de nuestras burbujas cómodas e indoloras, para hacernos cargo del sufrimiento del otro.

¿Cómo se puede poner en práctica en nuestro mundo?

La misericordia nos impulsa a ver el mundo con los ojos de Dios, nos compromete para que este mundo herido sea más Reino de Dios, nos implica en la búsqueda del bien común, nos solidariza con los que están heridos y marginados en este mundo, nos hace intervenir para que la justicia impere entre los pueblos, ciudades y países. La genuina compasión compromete a trabajar por eliminar, evitar, aliviar, reducir o minimizar el sufrimiento en el mundo. La misericordia no admite indiferencia o impasibilidad ante el sufrimiento. Hacer una sociedad más justa y solidaria sigue siendo una tarea pendiente para el que sienta misericordia de su prójimo.

¿Qué nos dice la Biblia sobre la Misericordia?

En primer lugar, que Dios es rico en misericordia, su misericordia nos desborda. Diría que la misericordia es la herida del Padre Dios, la misericordia es su única justicia. Segundo, que esta misericordia se ha visibilizado en su Hijo, en Jesús, que es el Amor de Dios encarnado. Su amor se actualiza en el hoy a través del Espíritu. Tercero, Jesús quiere que nosotros seamos misericordiosos como el Padre es misericordioso, Él nos invita a vivir en clave de misericordia, haciéndonos samaritanos de todos los que están heridos en el camino de la vida.

¿Por qué es la Iglesia un ejemplo de Misericordia?

La Iglesia está llamada a ser, como dice el Papa Francisco, hogar y oasis de misericordia, ha de salir a las periferias existenciales para mostrar el amor misericordioso del Padre.

A lo largo de los siglos ha ido testimoniando esta misericordia de muchas maneras, la misericordia se ha cristalizado en acciones concretas a favor de los más pobres de la tierra: enfermos, presos, analfabetos, niños, ancianos, hambrientos. Son muchas las obras sociales que la Iglesia (instituciones, congregaciones, organizaciones, voluntarios, misioneros, etc.) ha organizado en todos los países, la Iglesia ha sido pionera en este campo. Cáritas es un exponente de cómo la Iglesia actúa con misericordia y sabe estar allí donde los pobres requieren solidaridad y acompañamiento.

Quizás en estos tiempos, como dicen los obispos españoles, “los servicios de beneficencia se han multiplicado tanto que en ocasiones han restado tiempo y disponibilidad para poder atender a tareas tan importantes como el acompa- ñamiento y la promoción de las personas. Este segundo nivel de asistencia, junto con la erradicación de las causas estructurales de la pobreza, constituyen las metas superiores de nuestra acción caritativa” (Iglesia, servidora de los pobres, 46).

¿Cuáles son las obras de la Misericordia?

El Catecismo (IC 2447) las divide en dos septenarios: Las Corporales: Visitar y cuidar a los enfermos; Dar de comer al hambriento; Dar de beber al sediento; Dar posada al peregrino; Vestir al desnudo; Redimir al cautivo; Enterrar a los muertos. Las Espirituales: Enseñar al que no sabe; Dar buen consejo al que lo necesita; Corregir al que yerra; Perdonar las injurias; Consolar al triste; Sufrir con paciencia los defectos del prójimo; Rogar a Dios por los vivos y difuntos.

En los nuevos contextos hoy podríamos también hablar de catorce obras de misericordia y solidaridad.

Las siete primeras son individuales, las otras siete son colectivas. Las individuales podrían ser éstas: 1ª Compartir los bienes con los más pobres y necesitados; 2ª Crear puestos de trabajo y ayudar a encontrarlos; 3ª Acompañar y consolar al que está sólo y enfermo; 4ª Perdonar al que te ofende y reconciliarte con el Dios de la misericordia; 5ª Acoger e integrar a los emigrantes y a los sin techo; 6ª Visitar al encarcelado. Educar y rehacer al delincuente; 7ª Rescatar al cautivo de la droga o de otras dependencias y dignificar al que se ha prostituido.

Las siete colectivas podrían ser éstas: 1ª Promocionar y buscar el desarrollo de los pueblos empobrecidos; 2ª Defender los derechos de los excluidos; 3ª Combatir las injusticias y la opresión; 4ª Defender el desarme y la no-violencia; 5ª Liberar de la tiranía del consumo; 6ª Trabajar por la solidaridad de los pueblos: una globalización solidaria; 7ª Cuidar la casa común de nuestro mundo.

(Iglesia en Plasencia)

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