Votos perpetuos de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación en Jesús-Tortosa

Tortosa votos religiosasEl pasado sábado 9 de enero la Casa Madre de la Consolación, en Jesús-Tortosa, era un hervidero de vida, emociones y también de oración. Llegaban hermanas, familias, amigos… Un movimiento que al mediodía, después de comer, aumentó de forma notable: no sólo había gente en la portaría de la casa, esperando poder pasar para participar en la jornada, sino que también en la puerta de la Iglesia muchos esperaban pacientemente para poder entrar y poder tomar un buen sitio y asiento.

Pero ¿a qué se debía tal alborozo? ¿por qué tal júbilo, tanto gozo, aquel regocijo, tanta alegría? Gente de Madrid, de Castellón, de Zaragoza, de Reus, de Burriana, de Benicarló, de Vila-Real, de Tortosa… y del mismo Jesús, llenaron a rebosar el Templo de tres naves de la Casa Madre. ¿Qué motivo congregaba y qué originaba aquella exultante fiesta?

La profesión de votos perpetuos de tres jóvenes de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, fundadas en Tortosa por santa María Rosa Molas: María Darás, Ángela Cases y María Fernández.

Después de un año de postulantado, dos de noviciado y siete de juniorado llegaba el momento de dar un paso importante y definitivo: consagrarse al Señor, “por todos los días de la vida”, en los votos de pobreza, castidad y obediencia.

Años de formación, de convivencia, de conocer la Congregación y sus obras en Córdoba, Albacete, Burriana, Madrid, Pamplona, Benicarló, Jesús-Tortosa; tiempo de reflexión y de maduración que en medio de ilusiones y generosidades, dificultades y tropiezos, ha desembocado, con la ayuda de la Gracia, de la intercesión de la Virgen María y la mediación de Santa María Rosa Molas, en esta festiva celebración de acción de gracias al Dios Padre de todo Consuelo y Consagración a Cristo en la Vida Religiosa.

3 diáconos y 12 sacerdotes participaron en la celebración que presidió el Obispo de Canarias, don Francisco Cases, tío de Ángela, una de las que profesaban.

Los cantos, en los que participó de una forma viva y piadosa toda la asamblea reunida, fueron apoyados por el coro del Hospital Provincial de Castellón donde las Hermanas están animando los grupos de voluntarios y realizando una extraordinaria labor de acompañamiento y cuidado de los enfermos y de sus familiares.

La verdad es que era fácil profesar la fe y rezar. El clima de silencio religioso, de piedad firme y de cariño hacia la congregación y hacia las profesandas invitaban a vivir estas actitudes sin necesidad de un gran esfuerzo.

Después de la monición de entrada en la que María, Ángela y María situaban la celebración y encaminaban la oración de los presentes, se inició la Eucaristía con los ritos propios. Las lecturas, fueron proclamadas con unción y emoción por la madre de María Fernández y una hermana de María Darás. En la homilía, don Francisco Cases, partiendo del Bautismo del Señor, fiesta en la que se celebraba la profesión, y fundamentándose en el Bautismo cristiano –raíz de toda la vida cristiana, también por tanto de la consagrada- recordó el poder, la misión y la obra que hace en nosotros Cristo y su Espíritu por el Bautismo: la conversión de nuestro corazón. Y recordando que es el Espíritu quien configura el corazón de las tres jóvenes como consagradas al Señor -Cristo es el primer consagrado al Señor- recordó las características de quienes en su compromiso permanecen fieles toda la vida: la preparación, el diálogo, el cuidado mutuo, la intercesión.

Después del intenso momento de oración con la invocación de todos los santos vino el emotivo acto de la profesión perpetua ante la Madre general de la Congregación, Emilia Sebastià, la oración del Obispo y la entrega del anillo de la fe como signo de consagración.

La colecta, recogida por los sobrinos de una de las hermanas, se dedicó íntegramente a Delwende, ONG de la Congregación para proyectos solidarios y evangelizadores en los países donde está la Congregación. Especialmente: África, América Latina y Asia.

Después de la comunión, las tres hermanas agradecieron a Dios, a sus padres y hermanos, a la familia, a la Congregación, a sacerdotes, catequistas, compañeros y a tantos que durante estos años las han acompañado y les han ayudado en su camino de maduración humana, cristiana y de vida consagrada.

La fiesta no terminó con el largo rato de departir y compartir el refresco. A las 22 horas, ante la tumba de santa María Rosa Molas, un buen grupo de jóvenes, hermanas, familiares y sacerdotes se reunieron para celebrar una vigilia de acción de gracias a Dios por el don del Carisma y las nuevas profesas; a Santa María Madre de Consolación por su Sí incondicional y fundante; y a María Rosa Molas por acoger y ofrecer el Carisma que Dios le confió.

Que el Señor continúe bendiciendo nuestra Iglesia y las Hermanas con nuevas vocaciones al servicio del Reino y de toda la humanidad.

(Víctor-Manuel Cardona – Diócesis de Tortosa)

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