El signo del vino

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco     En el evangelio de Juan los milagros de Jesús son llamados «signos». El evangelista descubre en todos ellos un significado que trasciende el hecho milagroso. Si Jesús abre los ojos del ciego de nacimiento es para enseñar que él es la luz del mundo; si multiplica los panes y los peces, es para mostrarse a sí mismo como el Pan del cielo; y si resucita a Lázaro es para afirmar que es la Resurrección y la vida.

El primer signo milagroso de Jesús se realiza en el contexto de una boda en Caná de Galilea a la que estaban invitados Jesús, sus discípulos y la madre de Jesús. Mirado como milagro, lo que Jesús hace es convertir el agua en vino sacando así de apuros a unos novios. Pero, si nos atenemos a que, según el evangelista, fue el primero de sus signos, quiere decir que este milagro queda vinculado a todos los que narre después en su evangelio. Es el primero de una cadena de signos cuya finalidad es mostrar quién es Jesús, ese Jesús de quien se dice en el prólogo que ha venido a traer la «gracia y la verdad».

Se ha dicho con razón que el protagonista de la boda de Caná es «el vino» y no les falta razón a los críticos literarios. Todo gira en torno al vino que falta y al vino nuevo cuyo origen desconoce el maestresala. Este vino que llega por la acción de Cristo es «vino bueno», que desbanca al primero. Sobre este vino gira también la conversación de la Madre de Jesús con su Hijo: al hacerle ver que el vino de la boda se ha terminado, María está señalando una carencia grave en una boda. Pero ¿es sólo una carencia física o hay algo más?

El vino, en la Biblia, es el símbolo de la alegría y de los bienes que traería el Mesías. Hay textos de los rabinos que hablan de la abundancia de vino cuando llegase el Mesías. El vino se convierte así en símbolo de la salvación. La afirmación de María: «no tienen vino», puede interpretarse como «no tienen la salvación». De ahí que Jesús interprete las palabras de María como una interpelación a hacer presente su «hora», es decir, el momento en que él aparezca como Mesías.

Desde esta perspectiva comprendemos mejor la belleza del relato y su profundidad teológica. Transformando el agua en vino, Jesús manifiesta que ha venido a ofrecer lo anunciado por los profetas: El Mesías traería abundancia de vino, es decir, de dones salvíficos. Se comprende también el asombro del maestresala cuando prueba el vino nuevo, cuya calidad insuperable es el don del Mesías. Y, sobre todo, cobra sentido la afirmación final del relato: «En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de los discípulos en él». El signo de Jesús abre la inteligencia de los discípulos para descubrir que en su Maestro hay un misterio incalculable, el de la gloria de la Navidad, la gloria que se manifiesta en lo que hace y que no es otra que la que corresponde a la del Hijo único del Padre.

Decíamos que el protagonista del relato era el vino. Pero, por la misma razón, podemos decir que es también Cristo, dado que sólo él puede dar el vino que trae para todos los hombres. No sólo los novios de Caná se beneficiaron de él, sino que al llegar el momento de la cruz, de su costado brotó un vino nuevo, único, misterioso, que san Juan de Ávila llamaba «el buen vino de la cruz». Cristo ha venido a saciarnos de alegría, paz, justicia y misericordia. En la última cena, se nos dio como pan y como vino, dos alimentos sencillos y ordinarios en la mesa de los hombres.  Su amor los convirtió en el sacramento de la vida que quita los pecados del mundo y nos engendra para la inmortalidad. Pero estamos tan acostumbrados a ello que nos falta la admiración del maestresala para preguntarnos por el origen de este vino y por la razón de que haya aún mucha gente que no lo ha saboreado.

 

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).