Un año nuevo abierto a la esperanza

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares        Tras las fiestas de Navidad, y la culminación del don divino del Encuentro Europeo de Jóvenes de Taizé, comenzamos un nuevo año con la mirada puesta en Santa María, Madre de Dios. Comenzamos el año con un regalo que recibimos de las manos generosas de Dios: es Él quien nos concede este nuevo año, abierto a la esperanza, como esperanza es el fruto bendito, Jesús, del bendito vientre de la siempre Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra. Y abierto a la esperanza ha sido este Encuentro de jóvenes europeos por lo que significa la juventud, por lo que supone de signo para una nueva humanidad edificada sobre el amor, la misericordia, la reconciliación, la unidad, la fraternidad, el diálogo, los deseos y obras de paz, y, sobre todo, la oración: todos, signos de la presencia de Dios, de la verdad profunda de la Navidad. Un año nuevo es un don de Dios que nos bendice en su Hijo con toda clase de bienes espirituales y celestiales; es un don de su amor que se pone en nuestras manos para que, con su gracia y auxilio, lo hagamos fructificar como el talento de la parábola, como semilla del reino de Dios.

Contemplamos hoy, sobre todo, a Santa María que es madre, pero madre virgen; contemplamos a la Santísima María que es Virgen, pero virgen madre, siempre virgen. ¡Con qué hondura, con qué sentido de fe y de realidad, entró en este misterio de santa María San Ildefonso de Toledo! Su tratado sobre la Virginidad de María es el mejor y más amplio comentario que se puede hacer a lo que celebramos: esta maternidad virginal de Santa María, en la que expresamos el gran misterio que llena de luz a toda la humanidad y toda su historia: el Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha nacido del seno virginal de María de Nazaret por obra y gracia del Espíritu Santo, Dios ha apostado por los hombres. Como todo en María, se refiere al misterio, a la verdad, de Jesús, Hijo único de Dios venido en carne, Dios y hombre verdadero, hombre-Dios en la unidad de su única persona. “Hoy se nos manifiesta un misterio admirable: en Cristo se han unido dos naturalezas: Dios se ha hecho hombre y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división”. En esta solemnidad celebramos el misterio y el acontecimiento histórico que es Jesucristo, persona divina, que nació de María Virgen, la cual es, en el sentido más pleno, su madre, madre del Salvador de todos los hombres, madre nuestra.

Se abre el año con muchas zonas del mundo en que la paz está rota, donde no hay paz: Siria, Irak, Afganistán… con tantos muertos y heridos por la violencia desatada, los ataques terroristas yihadistas en diferentes partes de la tierra, con tantos niños, mujeres y ancianos asesinados en violencia sádica y bélica, y otros muchos lugares y situaciones que dolorosamente ensombrecen la tierra porque falta la paz que Cristo trae a la tierra a los hombres que ama el Señor e ilumina nuestro mundo. La amenaza terrorista atenaza a los países.

Además, la vida no se respeta: millones de seres inocentes no nacidos son eliminados violentamente en el seno de sus madres, el “exterminio de millones de niños no nacidos es la eliminación de los seres humanos más pobres” (Benedicto XVI); se buscan legislaciones y actuaciones que, en lugar de proteger la vida y la dignidad inviolable de todo ser humano siempre y en todo momento, permiten, sin embargo, eliminarla aunque sean con fórmulas encubiertas, conocidas, e hipócritamente admitidas. Este no respeto a la vida, que corroe nuestras sociedades permisivas como un terrible cáncer con metástasis, es un signo gravísimo de inhumanidad, de quiebra moral, exponente de la mayor pobreza como es el expolio y la privación violenta de la vida, y la quiebra moral, y constituye, en consecuencia, una amenaza muy grave para la paz.

“Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –recordaba Benedicto XVI en su Mensaje para el Día de la Paz en el 2008, citando a Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras, viven hoy en condiciones de extrema pobreza… Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armonioso progreso de la comunidad mundial” (Juan Pablo II citado por Benedicto XVI).

Estas y otras múltiples y nuevas pobrezas, así como la crisis económica de la que no hemos salido aún enteramente, unida ésta a otras crisis de más hondo calado y originantes en buena medida de ella, sociales, culturales, de humanidad y del espíritu, son factores que, sin duda, favorecen o agravan conflictos, pueden generar violencia o debilitar la paz verdadera o las fuerzas que se requieren para el establecimiento de la paz fuerte y estable en todos los lugares y para todos los hombres, en todo caso entorpecen el camino hacia la paz justa y auténtica. “Combatir la pobreza, construir la paz”, debería ser objetivo muy principal en este Año 2016, Año por lo demás de la misericordia, que ahora comenzamos.

Un año, por lo demás, el 2016, abierto a la esperanza. Es verdad, como señala el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial para la Paz, que “las guerras y los atentados terroristas, con sus trágicas consecuencias, los secuestros de personas, las persecuciones por motivos étnicos o religiosos, las prevaricaciones, han marcado de hecho el año pasado, de principio a fin multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir formas de la que podría llamar una “tercera guerra mundial en fases”. Pero algunos acontecimientos de los años pasados y del año apenas concluido me invitan, en la perspectiva del nuevo año, a renovar la exhortación a no perder la esperanza en la capacidad del hombre de superar el mal, con la gracia de Dios, y a no caer en la resignación y en la indiferencia.

Sin duda, lo que hemos celebrado estos días y su acogida en los corazones de los hombres, es decir, la Navidad, Dios­-con-nosotros, que es amor y misericordia y nos trae la paz, y el año nuevo que comenzamos, son una llamada a la esperanza de que la paz que necesitamos es posible; también las situaciones que estamos viviendo, algunos acontecimientos acaecidos, señalados por el Papa Francisco en su Mensaje para la Paz de este año, “representan la capacidad de la humanidad de actuar con solidaridad, más allá de los intereses individualistas, de la apatía y de la indiferencia ante las situaciones críticas” (Papa Francisco) y nos invitan a proseguir nuestro camino y mirar adelante con esperanza nueva. Esperanza que no ignora las dificultades ni niega la oscuridad que nos envuelve y ofusca, porque sabe que Dios está con nosotros, porque Él ya ha tenido piedad y nos ha bendecido, ha iluminado su rostro sobre nosotros en ese rostro humano de su Hijo nacido de María, que nos hace palpar la bondad de Dios, su gracia y su misericordia, y nos ha dado el poder de conocerlo como Dios que es Amor, amigo del hombre, que no quiere su destrucción y cuya Luz brilla en la grandeza del hombre, creado y rescatado por El. Y se nos ha dado en Jesús la salvación que nos libra de la mano de todos los que nos odian. Rey y Dios nuestro, Salvador único de los hombres, al venir al mundo ha levantado y dignificado a todo hombre, se ha hecho semejante a nosotros y nos ha concedido ser semejantes a Él, hijos de Dios, herederos, por voluntad de Dios, de todas sus promesas de amor y de gracia en favor nuestro; Él, naciendo de su Madre María, virgen siempre, ha querido ser ciudadano de nuestro mundo para hacer de nosotros ciudadanos de su Reino, donde reina la paz y la justicia, habita el amor y la verdad, se vive eternamente con la plenitud de la vida, se vive en Dios, con Él y para Él en una dicha y en una alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar. Jesús, Emmanuel, Dios-con-nosotros, hijo admirable y príncipe de la paz, nacido de María Virgen, ha concedido ya al mundo entero una paz estable, si se le recibe y se acoge lo que Él mismo trae: trae a Dios, Dios amor, Dios con rostro humano y misericordioso, siempre dispuesto al perdón, trae la verdad del hombre que nos libera de toda esclavitud, trae el amor que nos hace hermanos, que reconcilia y lleva al perdón, y que nos une a todos en una unidad inquebrantable que procede del amor de Dios mismo. Acaba de nacer un año nuevo, una Luz grande brilla sobre este mundo, y, por la entrañable misericordia y por la gracia de nuestro Dios, esta Luz, Jesús, ilumina a los que lo acogen viviendo en tinieblas y en sombra de muerte, y guía nuestros pasos por los caminos de la paz.

Es necesario vencer la indiferencia, para conquistar la paz: la indiferencia ante el hermano, que es expresión de la indiferencia que se tiene ante Dios. Necesitamos superar esta indiferencia y se edificará la paz; sólo así. Este es el lema que nos pone para este año el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la paz, que debería ser el lema para todo el nuevo año, sellado por la misericordia: “Vence la indiferencia y conquista la paz”.

¡Qué verdadero, qué esperanzador e iluminador es lo que nos dice el Papa Francisco, en su Mensaje para esta Jornada Mundial de la Paz! ¡Cómo necesitamos cuanto nos dice! Os invito a todos a leerlo, a entrar en él con sosiego, con sentido de fe, con corazón abierto, meditarlo, aprenderlo, dispuestos a acoger el don de Dios que es la paz, y trabajar sinceramente y sin escatimar esfuerzo por ella. La lectura de este precioso y comprometedor documento ensancha el corazón, ante el sentimiento de miedo que lo atenaza frecuentemente el corazón nuestros contemporáneos, y lo dispone a trabajar por la paz, en la que se concentran tantos bienes, obrando conformes a la misericordia de Dios. Para ello necesitamos la ayuda de Dios misericordioso, y la pedimos, llenos de confianza, por intercesión de su Hijo Jesucristo, Príncipe de la Paz, rostro suyo que desvela y trasparenta su misericordia, y de la Santísima Virgen María, Madre de la Misericordia, Reina de la paz.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014