Bautismo del Señor

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Si de Niño, Jesucristo recibe los regalos que le hicieron los pastores-excluidos- y los sabios-extranjeros-, ya de mayor nos sorprende dejando la casa del pueblo y poniéndose en la fila de los que se reconocen pecadores y van a orillas del río Jordán a que Juan Bautista los bautice, los lave en las aguas vivas que se lo llevan todo por delante hacia el Mar Muerto.

Aquello fue un anuncio de lo que vendría después, pues el Bautismo de Jesucristo es que Dios, en la persona del Hijo, se ha metido a participar de lo más propio nuestro que es la fila de los pecadores que todos formamos y, desde ahí, nos ofrece a todos la participación de lo más propio suyo que es ser Dios, nuestro bautismo nos hace hijos de Dios. Un admirable intercambio que, además de llenarnos de asombro, nos salva de la esclavitud que supone estar dominados por nuestra capacidad de hacer el mal —pecado se llama resumidamente— y regalarnos la capacidad de quien es Dios que ama a todos y por todos se interesa. Hay que advertir que los seres humanos no estamos en una situación de suerte o desgracia, de algo que sucede sin nuestro control en la lucha entre el bien y el mal y de la cual nosotros somos víctimas a corto o a largo plazo, porque se supone en ese planteamiento que gana siempre el mal cuando nos llega la muerte inexorablemente. No somos víctimas ni de la casualidad ni de la fatalidad.
No, nuestro bautismo nos sumerge —literalmente quiere decir eso la palabra— en la vida de Dios: “en Cristo Jesús”, según la terminología de la Palabra de Dios y de la reflexión teológica posterior. Por Cristo, con Él y en Él salimos a la vida acompañados para ser acompañantes de otros que se sientan atraídos por nuestra personal y comunitaria manera de ser y de vivir.

El mismo bautismo del Señor que hoy celebramos nos habla de gentes, de que Jesús viene para los demás y nuestro bautismo no es para beneficio exclusivo y propio sino para hacer una sociedad nueva donde la única relación social indiscutible sea  nuestra entrega a la causa del bien común desde la experiencia de la dignidad de Hijos de Dios, de cómo estamos íntimamente realizados. No se trata tanto de luchar contra el mal, cuanto de vivir la vida de hijos en el Hijo de Dios, “en Cristo”, desarrollar todas las capacidades recibidas en el primer regalo que es nuestra existencia humana.

El que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Pues, si se nos regaló la vida, no fue un regalo cualquiera, fuimos hechos imagen y semejanza del Creador, de un Dios que se nos ha comunicado por su Hijo y que a partir de nuestra libertad más plena —solo somos verdaderamente libres cuando hacemos el bien— se nos abre el infinito horizonte que la muerte no interrumpe en el crecimiento que se da en quien entra en este dinamismo de entregar la vida con Jesucristo por amor a la Humanidad entera. Se trata de la realización del Reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, del amor la justicia y la paz.

Igual que vinimos a la existencia sin nosotros, los cristianos bautizamos sin la expresa voluntad de quienes amamos tanto que les entregamos el ser hijos de Dios desde el día de su bautismo. A los cinco días de nacer me bautizaron y al hacerme hijo de Dios no solo no me violentaron la voluntad y la libertad que, después, en el correr de los años, he ido desarrollando lo mejor que he podido, en la Iglesia, contando con la atención de los que dentro de la comunidad cristiana me han dado los mejores ejemplos y los mejores alimentos: Palabra de Dios, sacramentos y amor,  amor, amor  que es el que comprendemos que nos tiene Jesucristo cuando le sentimos puesto del lado de los que se humillan ante las miserias de los hermanos y lavan los pies fatigados llamando amigos a los suyos y no siervos.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.