Mi carta a los Reyes Magos: regaladme un «péndulo»

Obispo Perez Pueyo - 02Mons. Ángel Pérez Pueyo        El día 27 de diciembre se cumplió un año desde que el Papa Francisco me enviara a esta diócesis para sustituir a Don Alfonso Milián.

Nunca imaginé que a mis 59 años tuviera que volver a escribir a los Magos de Oriente y mucho menos que les fuera a pedir un «péndulo» como regalo. Voy a tratar de explicarme: «Cuentan que en un país lejano, comenzó a escasear el agua. Las autoridades ordenaron que se limpiaran los cauces de los ríos y se construyeran pantanos. Pero todo era insuficiente. y hubo que restringir el agua unas horas al día. Después tan sólo permitían utilizarla para la limpieza y el consumo doméstico. Los más astutos trataron de aprovecharse de la coyuntura y comercializaron el agua del mar. Lo intentaron todo: desalarla, edulcorarla, gasificarla… Pero fue inútil. No podían utilizarla para regar porque esterilizaba la tierra y quienes la bebían, no lograban apagar su sed. La situación comenzó a resultar insostenible. La miseria, la suciedad y la deshidratación de sus habitantes hacían presagiar lo peor.

Un buen día apareció un extraño señor que recorrió los campos yermos con un péndulo en la mano. Nadie acertó a descifrar su paso misterioso hasta que algunos se arriesgaron a perforar el suelo donde había dejado una señal… Al descubrir agua potable, proveniente de un mismo y único manantial, comprendieron que aquel zahorí fue realmente un verdadero regalo del cielo». Con esta historia quiero evocar, primero, la gracia inigualable con que Dios adornó a esta tierra de tan buenos y santos sacerdotes. Y, segundo, me gustaría urgiros para que promovamos esta vocación al sacerdocio tan necesaria como escasa actualmente en todo el Alto Aragón.

Ser «zahorí», metafóricamente hablando, es un regalo inmerecido. Por eso me he animado a escribir a los Reyes Magos. Y les he dicho que pidan prestado a Dios el «péndulo» de aquel «zahorí» con el deseo de poder detectar el «agua viva» que se halla oculta en el corazón de muchos de nuestros jóvenes para que ofrezcan radicalmente su vida a Dios en favor de los más desheredados de la sociedad.

Ardua y delicada resulta, con frecuencia, esta tarea de tender la mano a los más jóvenes para que encuentren dentro de sí mismos lo que con tanta vehemencia buscan fuera… Como el joven Agustín, otros muchos, con el paso del tiempo, se lamentan de su propio autoengaño. «¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera y por fuera te buscaba (…) Gusté de ti y siento hambre y sed. Me tocaste y me abrasaste en tu paz. Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

La humanidad, aunque prefiera fingir, sigue teniendo sed… Los jóvenes también. Muchos, por desgracia, tienen sed de agua potable. Otros de justicia y de amor. La mayoría siente que el agua edulcorada o gasificada que la sociedad de consumo ofrece no logra apagar su sed. Todos, aunque lo ignoren o lo nieguen, tienen sed de Dios. Tienen necesidad de sentido y de plenitud en sus vidas.

Me niego a aceptar resignado que ser «zahorí» (sacerdote) sea una vocación en extinción. Me cuesta creer, aunque en nuestra Diócesis las cifran sean elocuentes (2 seminaristas, 20 sacerdotes diocesanos menores de setenta y cinco años, 15 no diocesanos provenientes de América Latina), que en esta tierra regada por la sangre de tantos mártires, no haya al menos cada año un joven por arciprestazgo (4 en toda la Diócesis por curso) que se sienta fascinado por seguir a Jesucristo, el Buen Pastor.

Estoy convencido de que más allá de la edad que puedan tener, del número que sean o de la relevancia que la sociedad les ofrezca, la clave está en revitalizar su vida y ministerio, esto es, «perforar» hacia dentro hasta reencontrar la veta del manantial (Jesucristo) de donde fluya agua fresca y cristalina.

Desde ahí serán fuente de sentido y de orientación a Dios para otros y mediación privilegiada para que cada uno de los hijos de esta tierra bendita descubra a Dios, le ame, le siga y le sirva consagrándose a Él o implicándose eclesial o socialmente bien como animadores de la comunidad, o como catequistas, como profesores de religión, misioneros, voluntarios de Cáritas o Manos Unidas, ministros extraordinarios de la Eucaristía, monitores de campamentos, animadores de pastoral juvenil, consagrados, monjes o monjas de clausura o de vida activa, educadores de formación permanente, miembros del equipo de liturgia, cantores, acólitos, lectores, etc.

Que el Señor suscite en nuestra Iglesia Diocesana los «zahorís» necesarios para que cada persona descubra «qué bueno es el Señor» y experimente en lo más profundo de su corazón la fuente inagotable de vida y de plenitud.

Con mi afecto y mi bendición

+  Ángel Pérez Pueyo

Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Ángel Pérez Pueyo
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- Mons. Ángel Javier Pérez Pueyo, natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), nace el 18 de agosto de 1956. Es el segundo hijo del matrimonio (+) Rodrigo Pérez Fuertes (1.III. 1924 – 1.III.2012) y (+) Carmen Pueyo (21.II.1929 – 19.IV-2005). Su hermana, (+) Mª Concepción (19.V.1954 – 27.VII.1998), se queda paralítica cuando tenía catorce meses como consecuencia de una poliomielitis aguda. - A los 10 años de edad ingresa en el Seminario Metropolitano de Zaragoza. De 1966 a 1971 cursa sus estudios de bachillerato en el Seminario Menor. En 1972 pasa al Seminario Mayor donde estudia COU y como es demasiado joven para iniciar los Estudios Eclesiásticos los formadores le recomiendan que inicie la Etapa Introductoria y estudie Magisterio en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Educación General Básica “Virgen del Pilar” que se hallaba ubicada en el mismo edificio del Seminario. En 1974 inicia sus Estudios Eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). - En 1977 va a Salamanca al Aspirantado “Maestro Ávila”, ¾casa de formación que los Sacerdotes Operarios tienen en España¾, donde cursa los tres últimos años de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Posteriormente realiza estudios de licenciatura en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Civil de Salamanca. - A los 23 años, el día 19 de marzo de 1980, es ordenado sacerdote por Mons. Antonio Vilaplana Molina en Plasencia (Cáceres) donde había sido enviado por los Superiores de la Hermandad para realizar la Etapa de Pastoral como formador y profesor en el Seminario Menor de dicha Diócesis. - Al finalizar el curso 1979/80 es destinado al Seminario de Tarragona. Desde 1980 a 1985 desempeña su labor formativa en el Seminario Menor como responsable de los seminaristas y como tutor y profesor del Colegio-Seminario. - En 1985 es nombrado Rector del Aspirantado Menor de Salamanca. Colabora como profesor y tutor en el Colegio “Maestro Ávila” impulsando el trabajo de pastoral juvenil y vocacional con los alumnos y profesores del mismo colegio. - En julio de 1990, en la XVIII Asamblea General, es elegido miembro del Consejo Central y se le responsabiliza de la Coordinación Pastoral de la Hermandad. Durante este tiempo coordina la preparación y dirección de los Cursos para Formadores de Seminarios que se impartieron en Buenos Aires (Argentina), en Caracas (Venezuela), en Lima (Perú); colaboró en el diseño del Curso para Formadores de Seminarios organizado por la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española que se viene celebrando durante el verano en Santander; y colabora como profesor en el Curso para Formadores de Seminarios de lengua española-portuguesa, organizado por la Congregación para la Educación Católica, que se imparte en el Pontificio Colegio Español de San José y en el que participan formadores de diferentes países Lati­noamericanos. En 1994 participa en Itaicí (Brasil) en el I Congreso Continental Latinoame­ricano de Vocaciones. - En julio de 1996, en la XIX Asamblea General es elegido Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios hasta el año 2002. En 1997 participa en el Congreso sobre secularidad del presbítero diocesano organizado por la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española. – En julio de 2002, en la XX Asamblea General, celebrada en el Pontificio Colegio Español de San José de Roma (Italia) es reelegido por mayoría absoluta en primera votación. −El pasado 22 de mayo de 2008 la Hermandad ha recibido de la Santa Sede la aprobación como Asociación Sacerdotal de Derecho Pontificio, tal como soñó desde el comienzo Mosén Sol. Y en julio de 2008, por coincidir con el 125 aniversario de la Fundación de la Hermandad y el I Centenario de la muerte del Beato Manuel Domingo y Sol, se celebrará en Tortosa la XXI Asamblea General. – En septiembre de 2008, al concluir su mandato como Director General, es nombrado Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. – El 2 de agosto de 2013 es nombrado Rector del Pontificio Colegio Español de San José en Roma por la Congregación del Clero. – El 27 de diciembre de 2014 es nombrado por el Papa Francisco Obispo de Barbastro-Monzón.