El Bautismo de Jesús: Un gesto de humildad en actitud de oración

mons_martorellMons. Julián Ruiz Martorell      Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El Segundo libro de los Macabeos dedica estas palabras al malvado rey Antíoco IV, perseguidor de los judíos: “creyendo en su orgullo y por la arrogancia de su corazón que haría la tierra navegable y transitable el mar” (2 Mac 5,21). El orgullo hace creer en quimeras y la arrogancia del corazón lleva a imaginar lo imposible.

La actitud de Jesús, al acercarse al Jordán para ser bautizado por Juan es, justamente, la contraria. “Cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado” (Lc 3,21).

Entre la multitud expectante, que se preguntaba sobre la posibilidad de que Juan fuese el Mesías, se aproxima Jesús para participar en un bautismo de conversión. Juan identifica su actividad: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Lc 3,16).

Juan es un hombre honesto. Reconoce que ni siquiera es digno de desatar la correa de las sandalias de Jesús. El gesto de desatar la correa de las sandalias lo realizaba el siervo más humilde ante la presencia de su señor.

Hay una doble oposición: la que se refiere al tipo de bautismo y la que se refiere a la persona que bautiza. El bautismo de Juan es “con agua”. El que realizará Jesús será “con Espíritu Santo y fuego”. Juan no merece desatar la correa de las sandalias de Jesús. El Señor es “más fuerte”.  Y, en la transición entre un tiempo que acaba, representado por Juan, y el nuevo tiempo, inaugurado por Jesús, san Lucas dibuja una escena memorable marcada por detalles muy peculiares.  “Mientras oraba”. Para san Lucas la oración es decisiva. Todos los grandes momentos de la vida de Jesús están señalados por la oración: su nacimiento, el bautismo, el comienzo de su ministerio, la elección de los Doce, el sermón de la llanura, la confesión de fe de Pedro, la transfiguración, la enseñanza del Padrenuestro, la pasión, la crucifixión y la muerte.  Mientras oraba “se abrieron los cielos”. Con razón escribía Sata Teresa del Niño Jesús: “Para mí, la oración es el impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo”.

Cuando Jesús ora se abren los cielos, porque se restablece la comunicación entre la tierra y el cielo. Los judíos pensaban que, tras la muerte del último profeta, los cielos estaban cerrados. Ya no había contacto entre Dios y los hombres. Con Jesús y en Jesús la comunicación se vuelve fluida. Los cielos se abren.

“Bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma”. En la presentación de Jesús en Nazaret, el Señor lee el pasaje del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí” (Lc 4,17). Se trata de una presencia característica y única.

“Vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”. Restablecido el contacto entre el cielo y la tierra, se puede escuchar la voz del Padre que reconoce al Hijo en su gesto de profunda humildad, y le expresa su amor y complacencia.

San Enrique de Ossó nos pregunta: “¿Mereces por tu vida que el Espíritu Santo descienda sobre ti en forma de blanca paloma para probar o manifestar al mundo tu inocencia? Y si inocente no eres, ¿a lo menos te has arrepentido, como el hijo pródigo, y mereces que Dios Padre haga resonar complacido en el secreto de tu corazón: Éste es mi hijo amado en quien tengo todas mis complacencias, porque le creía perdido por el pecado, y ha vuelto a recuperar mi gracia y amistad?” (EEO III, 501).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.