Entiendo que…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     Sí, entiendo que haya personas que no tengan fe, y que, si están ocupando puestos de poder, no quieran saber nada de los símbolos y de las instituciones religiosas de cualquier confesión. Todo muy respetable si se trata de opciones individuales.
Entiendo también que puedan ignorar la historia y la cultura y no hayan asistido habitualmente a manifestaciones religiosas. Hasta aquí, nada que decir.

Entiendo que, aun conociendo lo que pensamos el 75 %, es decir las tres cuartas partes de la sociedad española, quieran cambiar usos, costumbres, cultura e historia de un pueblo. Sus motivos tendrán.

Por eso se hace imprescindible que nadie dé nada por hecho y que los que nos sabemos cristianos demos razones de nuestra fe y ahora, con ocasión de la próxima fiesta de Reyes, les expliquemos a los que nos quieran oír el porqué de esta fiesta que ya tiene siglos de existencia y que nace para recordarnos a todos que ha nacido Dios hecho hombre y que los primeros en enterarse de este Nacimiento (por ser  el Nacimiento muy excepcional, le llamamos Navidad) fueron los humildes más humildes, clase social marginal y excluida de la sociedad de su tiempo por una mala interpretación de la Ley pues podrían contaminar enfermedades y falta de higiene al estar en continuo contacto con animales.

También los primeros en enterarse fueron unos magos extranjeros, que se dice llegaron de Oriente de tierras lejanas y que ofrecieron regalos tan extraños como oro, incienso y mirra. El oro como signo de realeza y distinción, el incienso de marcado carácter religioso, y la mirra un elemento imprescindible para los enterramientos. Sucedidos ambos, el de los pastores y el de los magos (la palabra se entendía entonces como sabio, estudioso, gente que conocía el ritmo de los astros y estudiaba su influencia en la Tierra) que nos asombra profundamente.

El mimetismo de la tradición hizo que el mejor recordatorio para no perder la memoria cuando no hay medios de comunicación y la gente no sabe ni leer es fijarse en este punto: pastores y magos le llevaron al Niño regalos. Hecho este bien natural y humano regalar cosas a los niños que con su capacidad de ilusión y de asombro lo reciben casi todo sin mayor espíritu crítico, a no ser que ya estén aleccionados por esta sociedad de la publicidad.

Ahora deberemos cuidar el detalle de los regalos a los niños producto de un mensaje religioso anunciado en la Navidad: reconocimiento de Dios, “gloria a Dios en el cielo” y reconocimiento de la Humanidad, “y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”, es decir, a todos sin distinción de razas, nacionalidades, condición social, religiosa o no.

Entiendo que los cristianos, que formamos unas tres cuartas partes de la sociedad, expliquemos estas cosas y, por qué son tan importantes historia, cultura, celebraciones, usos y costumbres pacíficamente experimentados y vividos durante todo el tiempo de nuestra vida real y que viene de muy lejos y que queremos proyectar para el futuro, pues nos traen paz y buenos sentimientos para convivir todos con todos, sin las exclusiones a las que nos quieren someter en mayor o menor medida según sea el talante más o menos democrático del gobernante que tiene más o menos seguridad y estabilidad en el poder que regenta.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.