Pastoral penitenciaria: «acoger, acompañar y ayudar»

Oviedo Carcel_1Alrededor de 45 personas, procedentes en su mayoría de Avilés, Oviedo y Gijón, acuden periódicamente a la cárcel de Villabona para realizar allí una labor de voluntariado, coordinados por la Delegación de Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Oviedo. Con esta actividad, buscan aportar su pequeño grano de arena para la reinserción de los internos en la sociedad.

“Visitar a los presos” es una de las “Obras de Misericordia”. Éstas vuelven a sonar con fuerza, al recomendar el Papa Francisco tenerlas muy presentes en este Año de la Misericordia que acaba de comenzar. Para los voluntarios de Pastoral Penitenciaria es una realidad cotidiana a la que muchos dedican buena parte de su tiempo libre; realidad dura y áspera como las vidas de sus protagonistas, pero al mismo tiempo, capaz de originar un torrente de gracias, como los propios voluntarios aseguran.

La Pastoral Penitenciaria, dirigida actualmente por el sacerdote jesuita José Antonio García Quintana, realiza una amplia labor en la diócesis, coordinada con la Conferencia Episcopal Española y el grupo de Pastoral Penitenciaria de Castilla y León y Santander, con los que comparten formación y reuniones de capellanes, delegados y voluntarios.

“La labor de la capellanía en la cárcel es acoger, acompañar y ayudar”, tres partes, señala el propio Quintana, “que suponen el encontrarse con esas personas privadas de libertad, compartir sus circunstancias, sus vidas, el por qué han llegado hasta aquí, y acompañarles en todo el proceso durante los años que están privados de libertad, para que no sean años perdidos, sino que los puedan aprovechar de alguna manera”, explica.

Las clases particulares son una de las actividades que realizan los voluntarios en la cárcel. Son numerosos los presos que intentan sacar durante su estancia una titulación, bien sea de Educación Secundaria, de ciclos formativos, Bachillerato o de acceso a la Universidad para mayores de 25 años. Además, otra de las labores importantes es la del peculio, una “colaboración económica que nos proporciona Cáritas Asturias, para que los presos indigentes, que no tienen ningún ingreso económico, puedan recibir algún dinero al mes y así evitar, como ha sucedido, situaciones de esclavitud o servilismo entre los internos”, explica el Delegado.

No es la única institución de la Iglesia en Asturias que colabora en la cárcel. Cáritas, la Cocina Económica de Gijón, la asociación Entainar, o las Adoratrices, en Oviedo, cuentan con pisos para acoger a los internos que salen de permiso y no tienen hogar ni recursos familiares donde permanecer. En este caso, la Delegación trabaja coordinada con todos ellos, de la misma manera que lo hace con otras instituciones también presentes en la cárcel como Cruz Roja, Adsis, Proyecto Hombre, Mujer y Prisión o Prisión y Sociedad.

Por otro lado, la dimensión “propiamente religiosa” consiste, por un lado, en “la asistencia a personas que  quieren hablar, confesarse y reconciliarse con Dios”, explica el sacerdote. “Con la justicia humana tienen una cuenta pendiente, pero mantienen su dimensión trascendental y sus creencias religiosas y en estas circunstancias llega un momento en que revisan su vida”, explica. “Para mí, como sacerdote, es un tiempo de gracia porque yo no había confesado tanto en mi vida como en estos tres meses que llevo en Villabona”, y “te das cuenta de que son confesiones muy sinceras, muy duras porque la vida es muy dura para tantas personas. Y es una experiencia que te hace evangelizarte y ver la huella de Dios en la vida de las personas a pesar de tantas cosas  terribles como les han pasado”.

Además, está la celebración de la Liturgia los domingos, “con sacerdotes que vienen y colaboran, y prestan mucha ayuda”, destaca el Delegado. “A ellos también les hace mucho bien, e igualmente para los internos es bueno que vean sacerdotes diferentes”, explica el jesuita, quien asegura, además, que la presencia de sacerdotes diocesanos en la cárcel es muy frecuente “cuando se enteran de que algún parroquiano está interno y me llaman para que les pida una autorización y poder acudir aquí a visitarle y charlar con él”, algo que “no es muy conocido, pero que sucede mucho más de lo que podría imaginarse”.

Desde hace años, además, funcionan en Villabona los “talleres de Religión”, idea de una religiosa, Hija de la Caridad, Sor Vitorina Valle, que comenzó a acudir como voluntaria de forma asidua hace ya diez años, al jubilarse de la enseñanza: “Comencé con talleres de alfabetización, pero después vi que lo mío era traer a la cárcel el mensaje de Jesús –explica–.

Además, fui a un congreso de pastoral penitenciaria en Madrid, vi las atribuciones que teníamos los voluntarios y se me ocurrió proponer un taller de Religión Católica. Lo publiqué en los tablones de anuncios, y cuál fue la sorpresa que la gente se apuntó, y desde entonces, echamos a andar”. Los talleres de Religión fueron también el gancho para Luis Lera, voluntario y coordinador del grupo de Avilés, quien acude a la cárcel desde hace años, junto con su mujer, y también su hijo. Para él, la labor de la Pastoral Penitenciaria es ayudar a las personas a mantener ese “resquicio religioso que con el tiempo se ha diluido”, porque “hay mucha gente a la que realmente le interesa el problema de la fe, y cuando se dan cuenta de lo importante que es y de cómo la vida se tiene que mover a través de ella, la verdad es que cambian, y de eso hemos sido testigos nosotros”, afirma. Y es que, para Luis “en Pastoral Penitenciaria creemos en el cambio de la persona. Aquí hay mucha gente que ha pasado del fondo del pozo a la superficie, y hoy son ciudadanos normales, por lo que estamos convencidos de que a través de la fe se puede regenerar su alma, que es lo más importante”.

Luis señala como las grandes dificultades que observan en el centro el de los “enfermos psíquicos, que se encuentran en un porcentaje bastante alto entre los internos, casi un 30%, y también el de las familias, tan presas como ellos, y con las que intentamos hacer de mediadores”.

Para Luis, la cárcel se ha convertido en su “propia parroquia”. Tanto tiempo acudiendo allí, que ha aprendido a querer y a valorar unas celebraciones de la Eucaristía donde hay una “comunicación directa”, donde los presos hacen “peticiones en voz alta, expresan sus dudas, sus sentimientos”, y eso ha llegado a calar entre los internos, que valoran la paz y serenidad que les aporta la celebración.

Comienza el Año de la Misericordia, y también en Villabona los internos podrán ganar su propio jubileo. Para los voluntarios, será fácil poner en práctica todas las obras de misericordia: dar consejo al que lo necesita, consolar al triste etc. “es una labor que practicamos a diario”, afirma el Delegado de Pastoral Penitenciaria, y “no sólo con los presos, también con los funcionarios, gente de una profesionalidad y vocación difícil de encontrar en otros ámbitos”.

La asociación “Entainar”

El sacerdote jesuita Jesús Álvarez Fernández comenzó a colaborar de manera asidua con la cárcel en el año 2007, un lugar donde asegura haber “encontrado la labor de mi sacerdocio; no sólo en la misa, sino escuchando y atendiendo a las personas, de donde sales enriquecido y con ganas de vivir”.

Pronto, junto con otros voluntarios, fueron dándose cuenta de que uno de los principales problemas de los internos eran las salidas, los permisos, especialmente cuando se trataba de extranjeros o de personas que habían roto con sus familias. Así nació “Entainar”, con un piso en Oviedo, cedido por el Arzobispado, y que sirve para dar alojamiento de forma transitoria a aquellos que no tienen un hogar. Hoy está gestionado por voluntarios y dos educadores contratados, y esperando crecer, para poder ayudar más.

(Arzobispado de Oviedo)

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