Jesucristo viene a estar con nosotros

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora      Sí, en este momento de nuestra historia la Iglesia, la familia de los hijos de Dios hace presente a Jesucristo, pues resucitado ha vencido la barrera de esas dos dimensiones que nos encuadran en la historia humana: el tiempo y el espacio y nos ha dado la capacidad de vivir su presencia, de tal manera que «por Cristo, con Él y en Él» somos, existimos, y por esto podemos compartir su vida con todos nuestros vecinos y coetáneos.

Ah, y con más de dos mil años a la espalda la Iglesia vive la Navidad, el nacimiento de Jesucristo en el solsticio de invierno, ciertamente, pues desde esa noche del 24 de diciembre los días, en nuestras latitudes, van ganando en horas de sol. Decimos que el Sol crece y la noche mengua. Más de dos mil años celebrando las palabras del viejo Zacarías, el padre de Juan el Bautista, cuando dice que «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Nace Dios en este momento de especiales dificultades para la paz de lejos y de cerca, y los cristianos, más de dos mil millones de la población mundial (2.000.000.000) nos preparamos para celebrarlo. De estos, mil doscientos millones de católicos (1.200.000.000) lo queremos vivir desde lo más íntimo de nuestro corazón y con nuestros familiares, amigos y también con los que se dicen adversarios y enemigos de la fe, pues para todos viene el Señor Jesús. Y lo queremos vivir, muy especialmente, desde la caridad, desde el amor a los más necesitados pues nace Cristo mostrando las entrañas de misericordia de Dios Padre y quienes creemos en Él queremos vivir como Él nos enseñó y Él nos ayuda a conseguirlo con su Amor “gracioso” que quiere decir gratuito, o lo que es lo mismo sin merecerlo por nuestra parte.

Echarlo a las afueras de la ciudad de Belén fue todo un signo de la debilidad con la que se nos manifiesta el poder de Dios en el Niño Jesús. De nada nos tiene que sorprender el ninguneo que estamos sufriendo, cuando no persecución a muerte en algunos países, los cristianos. En esta Navidad caemos en la cuenta de cómo ha vivido la Iglesia a lo largo de estos 2000 años, cómo ha vivido el misterio grande de la Navidad, del Dios hecho hombre que nace como todos nosotros, con regímenes políticos favorables y desfavorables, en regímenes feudales, en dictaduras, en democracias, en apaños políticos de los más diversos signos y si caemos en la cuenta de cual sea nuestra circunstancia actual, no es para alinearnos en un a opción política concreta, sino para vivir más conscientemente el papel que debe jugar en la vida quien, como cada uno de los católicos, cree que Jesucristo es el camino, y la verdad y la vida para la Humanidad de todos los tiempos.

Contemplar a Jesucristo que nace, trae consigo vernos nosotros, como Él, acompañando a esta sociedad naciendo y viviendo el amor entrañable de nuestro Dios. Nuestro mundo es algo muy nuestro en tanto que, además de vivir nuestros años de vida ahora, nos sentimos enviados con el enviado Jesucristo para arrimar el hombro y jugarnos la piel por el Reino de Dios que es justicia y paz, aantidad y gracia, amor, vida y verdad. Jesucristo nos entrega su vida para que nosotros la demos en abundancia a nuestros hermanos. ¡Feliz Navidad!

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.